viernes, 6 de marzo de 2015

Escúpemelo en el alma

Imagen de Yoshitaka Amano
Te busco más allá del lenguaje, subterránea, como la onomatopeya de un animal mitológico; bifurco, escuezo, muerdo el verbo para buscarte en el tuétano de alguna palabra. Escribo tormenta para descubrirte en el relámpago. Incendio la noche con un cigarrillo, invento los tumores del adjetivo y el adverbio, pasado perfecto, futuro performativo. Una utopía: esta lengua que no reposa si no es en tu lengua, el jazz como evocación analítica del caos. Te busco en mi cerveza, en la ceniza que golpea con fuego la epístola de mis pulmones. Te busco, mi amor, te busco en el esqueleto de las estrellas, en sus frágiles venas de luz, en el escapulario del viento que nos arroja y nos detiene a la vez, en el aquelarre, súcubo, te busco: dinamitando estrofas complicadas y libros eruditos. Ensueño los fantasmas que lamen tus muslos, la savia divina que humedece de eternidades rotas mis labios. Aquí y Ahora, perpetuo rezo inmanente de perversiones libidinosas. Tu busco en la música, como una nota perdida, subdérmica en la nota LA, una fuga que desplaza la realidad hacia infiernos más placenteros. Anarquía. Clávate en mi sangre y surge a través de mis leucocitos, desnuda y libre, lúbrica en las amalgamas de la noche, terrible en el corazón de los monstruos. Te busco y no llegas, por favor, crucifícame en tus pechos, lluéveme octubres kamikazes, noviembres tristes, diciembres suicidas. No pares: el dinamismo del diablo, reinventa un beso y escúpemelo en el alma. 

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