viernes, 16 de enero de 2015

Otra carta nunca enviada

Imagen de Larry Clark
El ángel del amor rasgando la garganta. Como palabra: clavando sus uñas en la garganta. Decir amor, decir olvido, decir vino, decir pasión. Decir que pongo a asar mi alma en el fuego de las piedras, que sueño con tus besos, que ensueño tu cuerpo, que el insomnio me clava su lanza de tinta cuando te pienso. Y el diablo del amor teledirigiendo mis palabras desde su sucursal de arrebatos; y los dioses regularmente ociosos, tomándose el tiempo para llenar esta carta de lluvia, para bautizar estas palabras con sus nubes. Y uno mira como idiota, porque uno es idiota, esas nubes; uno está enamorado de las nubes. Por eso te amo, para seguir amando las nubes. 
     Restallar el recuerdo con violencia, tu cuerpo entre mis dedos como notas musicales de un pieza musical que se escribe mientras se toca; esa magia en tu mirada, en tu aliento, en tus labios. Y sentirme vivo, más vivo que la vida misma; ese deseo de hundirme en ti, ese deseo moroso, deseo de lanzar una parvada de pájaros azules sobre tus pechos y tatuar en tus pezones el Dios de mi boca.
A veces me convenzo de que este mundo es, en verdad, como dijo Anaxímenes, pura niebla. Ya los budistas dijeron algo parecido, que este mundo es una ilusión y puede que lo sea; pero me mantengo aun cuidado por la duda, porque pensar en ti hace que todo esté vivo, de nuevo, y en esos momentos me parece que el mundo es tan maravilloso que no puede ser producto de mi mera percepción como pensaba Berkeley, sino que es algo más, algo que me rebasa y me hace pensar más bien en panteísmo, en que todo es divino. Así que mi mente es un caos porque, ya ves, se mueve entre no existe nada y no existe Dios, y de repente se va a existe todo y además todo es Dios. Ya sabes que me caga la mediocridad más que nada, me refiero al término del diccionario, que se refiere a estar en un punto medio. Me gustaba sentirme Dios o ceniza, y a veces siento que soy ambas cosas al mismo tiempo. 
     Llega tu nombre a ramalazos y entonces suenan campanas dentro de mis venas, tu nombre extático y musical, ambrosía y elixir; deseo, excitación y alondra, fuego y lila. Eres la mujer más bonita e inteligente que he conocido, me parece que todo cobra significado por ti, pero también todo deja de tener significado por ti. Es como si la semiósfera se expandiera y contrajera incesantemente, igual que el universo. Me siento feliz contigo en la palabra, pero también en el silencio: en el mero estar. También tus silencios son caricias, así que, ya ves, te condeno a acariciarme. Y sé que a veces soy ríspido, pierdo la dirección y soy como una bestia furiosa, sé que mi humor es variable. Pero desde el principio, ¿no es eso lo que te llamó la atención? No lo sé. Aunque así fuera, cada borona de mi pétreo corazón te ama. 
     Sólo he hecho uso de mi permiso concedido. Estoy escuchando a Mozart que, más que hacerme pensar en religión, me hace pensar en el carácter efímero de la existencia, pienso en un Saturno devorando a su hijo, aunque digamos que mejor Saturno abrazando a su hija, para quitarle el carácter trágico. Porque sí, porque la vida es una tragedia y hay mucha mierda por allí, es un páramo de lágrimas esto de existir, si se quiere. Pero, pese a todo, pese a Esquilo y sus tragedias, también hay bukowskis que ya no tienen miedo de decir te amos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario