viernes, 23 de enero de 2015

A contrareloj I

Imagen de Gilles Berquet
La vida es un ensueño de miradas tristes que caen en pedazos psicológicos de un monstruo insomne, orgullo superficial del corazón entrópico de la nada, lugar por demás acogedor de espíritus que danzan en la sonrisa estúpida del niño con cara de ano. La vida es una mierda, a grandes rasgos, ¿qué esperar más allá de la dignidad, apócrifa, de morir? Espacios y lugares de encuentro, fugas y fuegos, arte en los espacios interiores de animales que saltan barreras de espuma, coral que mira otra vez y otra vez, brincando en el umbral más triste de nuestra realidad herida de muerte y saltar al vacío, volando tus sesos, espíritus y perras, brujas que se acarician con botellas de colores en el más allá de la sangre insustancial, mitigando las ganas en estrambóticas huidas hacia el centro del corazón del cadáver de un Dios que no deja de masturbarse luciérnagas cuando cantan los ángeles con su orquesta triste. La mirada en el corazón es una saliva sobre el culo morado de una diosa no-nacida, álgida en el monumento de su melancolía y en el canto hipnótico de sus gases ecuestres. Dime otra cosa si acaso no puedes decir nada del hastío, dale duro, dale duro, no te dejes vencer por el estúpido reloj en un baile de esqueletos sonrientes, entra en el poema como un jabalí rabioso y escupe tu veneno en la falda de las colegialas que desgraciadamente nunca te podrás coger y brinquemos más allá de todo lo que conocemos para encontrarnos con todo lo que morimos y vida y muerte y vida y muerte y vida y muerte y una larga condena a lo que pensamos que sería el destino. Los tenis mugrosos, los tenis llenos de mierda y el sacramento del altar como un jaguar con dientes llenos de caries. ¿Quién eres? Me dices, sin saber realmente que las respuestas son suspiros y gemidos y vida y muerte y vida y muerte, un dolor en el alma que se asemeja a un dolor de muelas por este estar a disgusto, que es el mundo de las ideas inmanentes. Mierda, cagadas y chorrillo, no hay otra cosa en la televisión y tecleo y tecleo, a contrareloj, jugándome las espinas de la corona de cristo en ese simple hecho de estrellas clavadas en los brazos como tatuajes de la carcajada de un payaso borracho que se caga de risa en la risa de los que se cagan de risa mientras montan ponys y dicen que el amor existe tragando flores psicotrópicas. El amor no existe dice el hijo de puta detrás del espejo. Nadie lo oye pero él escucha su propia voz y eso le basta para sentarse en su sillón de piel a tomar su whisky y olvidarse de mí y de ti, amigo, porque en realidad ¿quién se acordará de nosotros algún día cuando muramos? Nacimos para estar arrojados en la intemperie de lo vapuleado, y ahí cantamos pese a todo, porque todo es una cruel broma triste.

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