viernes, 30 de mayo de 2014

El último uppercut

The Boxing Gloves by Roberto Vincitore
Sé que en su momento recibí tantos cumplidos, porque no querían ver mis fauces de bestia. Uno elogia al otro, para hacerlo tolerable, para que su presencia apeste menos. A mí me gusta el pulque, señor. Me gusta echarme unos tragos con mis amigos, y si es que gané la pelea, les invito un litro de pulque para que celebren conmigo. Y allí me duermo, en la cantina, sobre la mesa, o en la calle o en la casa de algún amigo. Cuando hay suerte, señor, me quedo con alguna concubina, porque uno es hombre. Y si tengo esposa, y si tengo hijos, eso no me importa, porque yo no le importo a ellos. No me comprenden. Yo pocas veces veo la televisión, es un lujo que no me puedo dar, pero cuando la veo dicen que la familia es lo más importante; yo pienso que esas son puras mamadas, señor, para mí lo más importante ha sido rajarme la madre. Y tengo huellas de eso por todo el cuerpo, ¿no? ¿ve usted estas cicatrices de aquí? me las hizo el "destroyer" Pérez, ese pendejo a puro cabezazo se iba. Le dije que mejor se metiera de futbolista, porque a la selección le hace falta un buen rematador con la cabeza. Si a uno le gusta usar la cabeza, se mete de pensador o de futbolista, no sé ni qué decirle, pero uno no se mete de boxeador, aquí se usan los puños y el corazón. Se trata de tener los huevos bien puestos y también, pa' qué les voy a mentir, se trata de aguantar chingadazos, señor. Uno no da, también recibe; he recibido muchos chingadazos, señor, pero no me caigo y si me caigo me levanto y sigo peleando, a veces chillando, porque uno también chilla de coraje, de frustración, de tristeza, uno chilla porque este mundo es una mierda, porque de repente uno es como el payasito de esos pendejos que están en primera fila esperando que les caiga un diete de recuerdo. 
Yo me llamo José Pantaleón Dávila, señor. Soy un boxeador amateur. Pero uno no sabe, uno un día hace sombra y otro día es pura sombra. A uno lo alaban, le dicen que es chingón, que pega duro, que uno podría llegar a ser campeón; pero las palabras están vacías igual que todo lo demás, las palabras se dicen para no ver la verdad. No querían ver a la bestia, los elogios y también los insultos. También esos, señor, nos insultan para poder vernos como humanos. No ven que uno no nació como hijo de Dios, uno nació escupido por la suerte, uno es un gargajo del azar. No tengo casa, pero este pueblo es mi casa; puta madre, aquí consigo mi alcohol. Igual ya no peleo, ya no tanto como antes, pero me sigo fajando, o eso pensaban todos. Si me traen a cualquiera de esos chamaquitos que ya se creen más que uno por ser otros tiempos, los tumbo de un chingadazo, yo, Panta, a mis 60 años. Todavía soy cabrón, pero ni tanto, señor, ya no me puedo parar. ¡Puta madre! ese uppercut fue fulminante. Dicen que ya estoy muerto, señor. Y en el periódico dicen que soy un fiambre, y la verdad eso sí calienta, no sé mucho qué significa, pero se oye re gacho, señor. Uno es alcohólico pero tiene su dignidad. Ojalá uno supiera qué reportero va a narrar la muerte de uno, nomás para ponerle en la madre desde con tiempo.

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