viernes, 28 de marzo de 2014

La fantástica historia de la chica Diamante Loco y el Buda Pervertido

Michael Maier - The final cut

Primer capítulo: la irreductible certeza de la estructura del caos.

¿Qué es el amor? –dijo ella.
Del amor sólo conozco las consecuencias, la sangre sin la herida –concluyó él.
Ambos somos signos –dijo ella.
Amos somos signos –dijo él- tú eres un signo lingüístico, yo un signo gestual y engendramos el lenguaje de este Universo.

Mientras tanto, una estrella, con su lupa, los miraba.

Segundo capítulo: lo que no soy, lo que no seré, lo que no fui.

Escribir también es mostrar los huesos, ser una metáfora de la muerte. Escribir es confeccionarte un vestido de letras para quitarte todos los demás vestidos.
La poesía también es como el amor: enjambre de luces en las venas. Soñar con tus labios, hacerlos crucigrama y tratar de resolver el enigma con versos.

No soy superman ni Diablo Guardián,
ni charanda ni champán.
Soy alguien más divertido
puedes llamarme el Buda Pervertido.

Tercer capítulo: puntos suspensivos.

Cuarto capítulo: las inmensas preguntas.



Muchas veces nos preguntamos equivocadamente –dijo Buda.
Preguntas equivocadas a veces dan respuestas acertadas –dijo la chica.
-Una pregunta te puede matar
-¿Qué pasa con el arte?
-Responde a preguntas que nadie formula.
-Yo pienso que el arte es una pregunta también
-Tenemos poca información y con eso vivimos…
-¿Me quieres?
-Con toda el alma…
-¿Qué es querer?
-Pregunta equivocada…
-¿Qué es tu alma?
-Un cubo sin lados.

El sol se hundía poco a poco en las pupilas de ella; ráfagas de sentimientos excitados levantaban su falda con una lengua eólica. El silencio dejo de ser barrera: se hizo filtro. El puso una canción de Nacho Vegas y empezó a mover su barriga para allá y para acá, en aquel día caluroso, dentro de aquel auto.

Quinto capítulo: la mejor escapista no escapa de la mejor trampa, pero la mejor trampa sí escapa de la mejor escapista.

(Si vas a mentir al menos ten buena memoria al hacerlo)

Capítulo sexto: desfragmentación dermonáutica.

(Los labios: a veces los labios, suspiro de ángel delineando contornos, vaho de sueños que se inyecta directamente al corazón; flujo estelar. La mirada: Universo dentro del ojo –el amor-, mundo dentro del ojo, ojo dentro del ojo; la imagen cayendo como una hoja de otoño dentro de la pupila; vals de fractales sinfónicos que anidan en circunferencias insospechadas; también el canto, aquel eco de entrañas que supone, ingrávida, la mirada. El cuello: espuma de ola de mar que guarda los secretos del mundo, conexión, frontera, filtro, manantial incesante de soles radiantes. Los brazos: femeninos, tiernos, sueltos; figuras pictóricas que apuntan a vértigos endulzados de instinto, radiografía crónica. Los senos: epistolarios de tierna carne, ciudades térmicas asfaltadas de tatuajes, crepúsculos frescos; los pezones envueltos en mi aliento de tormenta eléctrica, sensaciones que ensayo con la punta de la lengua en la punta del seno, fotografía del gemido, mordida, libido. El vientre: la contradicción, el calor, el choque, el reconocimiento, la intersubjetividad de verbos desfilando bajo su propia navaja. El pubis: intermitente, cada una de las neuronas se vuelve lengua para lamer las orillas, las paredes de aquella cueva platónica; pero también el clítoris (como un revólver peligroso) solicitaba mi presencia y rendición; vaivenes, eclipses, poemas; el cuerpo –tú- electrificado con mi sustancia secreta. Los muslos: cinematográficos, lúdicos, inconscientes, mágicos; territorio de poeta, un mano transparente que se desliza –amor, la gente lo llama amor- con onirismos y cinismo. La gente es, la gente no es. Nosotros somos eclipse musical y pregunta, partículas de luz mientras el amor nos licua dentro de su boca)

Capítulo séptimo: El novedoso sistema post-mortem.

- Yo estoy muerto
- ¿Cómo que estás muerto? Yo te veo aquí muy campante.
- ¡¿Ahora necesito tu permiso hasta para estar muerto?!
- No; lo que necesitas es morirte…
- ¡Te digo que me morí!
- ¿Entonces qué haces aquí y no bajo tierra o incinerado?
- Lo que pasa es que no recibí invitación a mi funeral y yo no voy a ninguna fiesta sin ser invitado.
- Ah mira… Vas perdiendo tu sentido del humor.
- Lo que se va acabando es el amor
- Mmmm
- ¿Mmmm?
- ¿Y las fiestas sorpresa?
- La única sorpresa es que no hay sorpresas.

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