domingo, 12 de enero de 2014

El poeta cuando era poeta.

Joel-Peter Witkin - The Poet©


El poeta cuando era poeta
se subía al toldo de las patrullas a mear
en lo que declamaba poemas de Sabines.
Reventaba botellas de cerveza vacías
contra las tumbas, menospreciando la muerte.
El poeta cuando era poeta
pedía siete al pastor con todo, una victoria,
y le ponía mucha salsa a sus tacos.
Lloraba muchísimo por los amores perdidos,
tanto que se anunciaron, por esos días,
inundaciones en Morelia.
El poeta cuando era poeta
inhalaba cocaína del culo de travestís
nalgas miadas, chochos prietos.
Tomaba cantidades industriales de charanda
y se iba por las calles buscando
un cigarro a medio acabar en el suelo.
¡Qué suerte tener un vaso de charanda
y un cigarro a medio acabar con la saliva
de quiénsabequién que él imaginaba
saliva de mujer hermosa!
El poeta cuando era poeta
sobrevaloraba el sexo y las relaciones sociales,
le parecían demasiado importantes los libros.
Sofocaba con su rabia las peregrinaciones,
se subía a los edificios altos de CU
a gritar que el duele chingao, le duele la puta vida.
El poeta cuando era poeta
se saltaba las bardas para que se le rompieran
los pantalones, o se le rompiera la cabeza.
Le daba vergüenza su pene pequeño,
pero más vergüenza le daba su alma enorme.
Le daba vergüenza su cabeza rota
pero más vergüenza su espíritu remendado.
El poeta cuando era poeta
le pagaba a las teiboleras sólo para preguntarles
cómo se sentían, qué querían de su vida.
Soñaba con un mundo de respeto
donde tu novia no se acuesta con tu amigo,
donde no te dan puñaladas por la espalda.
El poeta cuando era poeta
despreciaba la vulgaridad, ¿por qué puñaladas?
¿Acaso no hay métodos más sofisticados de homicidio?
¿Por qué la espalda? ¿No hay otras partes más vitales?
Se hacía muchas preguntas
y se las sigue haciendo... todavía.

Maravatío, 2014©

Poema a la chica que corre (La chica del suéter verde)

Joseph McSween© - (2H)


La chica del suéter verde
es tan bonita
que el poema porno
se lo tendría que escribir
en puras onomatopeyas.
Y cuando corre
es como si el universo desapareciera
porque todo es absurdo
al lado de su belleza.
Si la pudiera tocar, estoy seguro,
mis manos se convertirían
en pétalos de rosas.
Pero chica del suéter verde,
antier traías un suéter rosa,
hoy traes un suéter guinda,
¿qué locura es ésta?
Maldigo a los reyes magos
que te trajeron suéteres nuevos

Maravatío, 2014©