martes, 31 de diciembre de 2013

Rituales de año nuevo.



Mircea Eliade en su libro Fragmentarium relata que Eugenio d'Ors acostumbraba quemar una hoja recién escrita cada año nuevo. Este ritual obedecía, sobretodo, a la búsqueda de la musa inspiradora para que no hubiera desperdicio en su obra escrita. ¡Qué pretencioso!, podríamos exclamar, es casi impensable un escritor que no desperdicie muchas horas en el ocio y pocas horas en la producción de obras valiosas. Todos hemos escrito, por otra parte, relevándonos contra las musas, nadando contra la corriente, boxeando, como un anciano extriñito porque el cuerpo, también, se olvida de que está vivo. Sin embargo es más placentero cuando la musa se posa sobre tu hombro y te susurra suaves palabras dulces; tu obra sale de forma natural, ¡se parece al amor!, como esas veces que cagas tan compacto que ni hace falta limpiarse el culo.

La idea de carbonizar una hoja hermosamente escrita, obedece a un sacrificio que se le hace a la musa para que nos dé fuerza durante todo un año. Y esto se debe a que las grandes novelas, nos lamentamos, se quedan sin escribir. ¡¿Cuántas novelas no pudo escribir Dostoievski?! Casi dan ganas de llorar al pensar en todas esas hermosas y perfectas novelas del ruso, que nunca podremos leer. Lo mismo se puede decir de cada autor. 

Yo quemo mi hoja en el año nuevo, en tributo a las musas que, por azar o suerte, han amado mi obra y se han posado sobre mis manos... Para que me den fuerza e inspiración otro año dedicado a lo que más me apasiona en el mundo: la literatura. Ojalá las musas me den las armas para hacer una obra buena o al menos no tan mediocre este año que comienzo lleno de ánimo y letras... Yo seguiré escribiendo porque no hay otra cosa que me guste más; el papel y el lápiz son mis verdaderos amigos. Mis amantes. Y como tal, a veces me dan la espalda... Es entonces cuando tenemos que comenzar el ritual de nuevo. Escribir incluso contra las musas.

Maravatío, 2013©

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