jueves, 12 de diciembre de 2013

Disertaciones de madrugada

La vida también es estar sentado en un váter a la una de la mañana. Sin saber por qué o para qué. Esperando, ¡qué absurda la espera!, la generación espontánea de la diarrea o el delirio, del hastío o la muerte. Estar sentado, dije, leyendo, aclaro, una Antología Poética de Efraín Huerta y preguntarme si —como sus poemas sugieren— Pablo Neruda era un abstemio. Y eso explicaría muchas cosas para Huerta y para mí, porque como Huerta versifica (o parece versificar pero aquí el simulacro es tan importante como el hecho) el mundo se divide en ebrios (inteligentes) y sobrios (estúpidos.) Aunque ahora estoy completamente estúpido. Pero tengo recuerdos, como olas violáceas, de la embriaguez que rendía culto a Dionisio y Bukowski, a la vez. Y bueno, también leí un poema sobre Ruben Darío, ¡qué gran poeta era ese tipo!, no sólo por su talento sino por su estatura. Era robusto, tal vez el poeta más robusto conocido en las grandes ligas... ¡Y qué pesado su cerebro! Un poeta peso pesado, un tipo duro, aunque la mariconería de su poemario Azul lo contradiga. La vida es esto, pues, también: mirar el azulejo de mi baño mientras pienso en la amistad de Efraín Huerta con Octavio Paz. ¡Octavio sí era un borracho! Bebía como gente grande, Tavo, para los amigos, al que, pese a la amistad, Huerta le hizo un testamento... El muerto al pozo y el vivo al verso. Los poetas son buenos amigos sólo mientras son pobres. ¡Ojalá desapareciera este pinche dolor! Viajo a las siete de la mañana a Morelia y no puedo dormir. Pero la vida es estar sentado en un excusado (no me gusta esa palabra, tampoco baño: ¿de qué te excusa la mierda? ¡que cada quien se haga responsable) y la vida, esa, la vida, hay que aceptarla como viene... Viendo azulejos y leyendo poesía mientras esperas, ¡oh Heráclito!, que todo fluya... 

domingo, 1 de diciembre de 2013

Yo-u



Soy el cínico de su preciosa era. Me cago en su gobierno, en sus leyes, en su iglesia. Estoy destinado a la grandeza, mi alma y mi cuerpo me lo dicen. Allá los veo presumir sus hijos, sus esposos, con sonrisas fingidas que no pueden ocultar muecas amargas. Sus hijos: enfermedades venéreas. Sus esposos: imbéciles sin creatividad ni talento para cogérselas como Satán manda. Soy poeta, pero no sólo de palabras, también de actos… ¿qué caso tiene vivir si no encuentran la llave del placer femenino, si no las tienes a sus pies, exhaustas, adorándolos como a un Dios? El Dios en donde encuentran lo prohibido, la iglesia del pecado, el Estado del delirio. Soy honesto y les digo que no me interesa poseer a nadie ni que nadie me posea; esta vida es corta y mi pasión enorme, mi sed infinita, mi esperma abundante… Odio toda belleza que no sea femenina; estoy aquí, humanista, experto en crueldades  y sometimientos porque entiendo al alma humana… Algo expresan, pero quieren otra cosa, quieren ser azotadas, dominadas por alguien fuerte y alto, alguien poderoso e inteligente. Estoy en este pedazo de cosmos porque así lo quiso el azar, escalando los peldaños de tu deseo. 
Soy el desvergonzado de su era adorada. ¡Lluvia dorada! Me cago en todo lo que dicen noble y bueno, me cago en su estúpida moral de rebaño… No le temo a la vida ni a la muerte, les ofrezco el regalo de la libertad y el libertinaje. Forniquemos hasta morir, hasta convertirnos en polvo estelar. Bebamos y dejemos que el alcohol guie nuestros deseos. Escribamos versos en espaldas de mujeres, de todas las mujeres, todas merecen ser amadas, no sólo las guapas o delgadas, ¡hagamos gemir como perras a las gordas y feas! Que amen nuestro leño, nuestros dedos y lengua… Que se masturben pensando en nosotros. He venido a dominar el mundo… diría que soy el anticristo, pero no soy antinada. Soy protodo, soy indiferente con lo que detesto. Y además Cristo, mi hermano, seguro también folló, bebió y gozo de esta vida maravillosa y cruel. Estoy seguro de que sus grandes símbolos de pureza despreciarían su mojigatería, su tibieza; a los tibios hasta el Diablo los escupe. A los tibios no los quieren ni en el cielo ni en el infierno. Los grandes místicos han vivido los extremos de la vida, aún sus santos siembre vivieron en el delirio de un Leopold von Sacher-Masoch. ¿No es acaso que los flagelados se sienten voluptuosos de entregar su dolor al amo de su adoración? 
Vivimos en una era de podredumbre. Todo está muerto, pero es nuestro afán estúpido actuar como si estuviera vivo… Si nociones como Estado o Dios aún tuvieran sentido, como si la Moral no agonizara como gonorrea en vagina de puta. Pensamos que si existimos como si existieran las buenas costumbres, habrá buenas costumbres. Pero somos salvajes, sanguinarios, he venido para pegar y pegar duro a todo aquel imbécil que no esté de acuerdo. La tolerancia es una necesidad de las especies mediocres; los otros estamos aquí para aplastar porque podemos aplastar, estamos aquí para hacer pedazos porque podemos hacer pedazos… Sólo pactan con lo establecido los débiles y mediocres, y hacen bien, saben que son débiles o mediocres y que el fuerte y creativo los aplastaría, los haría trizas de no ser porque son horda… Los presidentes y sacerdotes no son más que una bola repugnante de mierda, sin embargo los veo adorándolos y besando sus manos, más les valdría besar sus deshechos fecales en el retrete… 
¡Soy el cínico de su era dorada…! Soy hijo de Sade, ¿quién sino él ha comprendido el alma humana? ¡Qué explote todo, qué todo se desplome! Qué mueran los absolutos, las hipocresías y los supuestos sentidos que soportan al mundo… Me reconozco azar, me reconozco caos, ese azar que baja las braguitas de tu novia, ese caos que la hace mojarse… Me reconozco hijo del viento, pariente de la piedra, sueño de la tortuga, he venido a cantar el sinsentido a través de la destrucción y la violencia, vine a hacer negro, para siempre, tu cuento de hadas…