sábado, 7 de septiembre de 2013

Pensé en escribirle una novela


Posiblemente nadie me lo crea. Posiblemente después de tanto tiempo ni yo lo crea, lo cierto es que te conocí y dijiste que eras una mártir, que rezarías por mis pecados y te masturbarías con un rosario en la mano con tal de ser absuelto de mis pecados. Ella decía que no sabía si estaba resfriada o es que tenía una verga atravesada en la garganta. 

(Yo pensé en escribir una novela acerca de ella.)

Cuando la conocí ella me decía que soñara con su cadáver aún caliente, al que me podría coger como a una muñeca de trapo. Ella me contaba sus sueños en los que tenía pene y el chico con el que estaba tenía un puvis túpido de pelo. Me contaba cómo le metía la verga a ese tipo, y que despertaba con ganas de masturbarse y, sin embargo, al despertar se daba cuenta de que no tenía pene sino vagina. Ella decía que se acordaba de mí cuando veía a Barney y sus amigos, porque era culera a más no poder. Pero también solía decirme que quisiera ser mi hija y que me la cogiera salvajemente mientras le decía al oído que era una putita, que se había portado mal, que habría que disciplinarla. 

(Pensé en escribir una novela acerca de ella.)

Me cuenta sus sueños, de una vez que soñó con las tetas de su maestra de idiomas y cómo después, por azar, se las vio y sí eran exactamente igual que como las había soñado. Esa chica una vez me puso la webcam para verla orinar sobre un vaso de Michael Jackson, de esos que regalaba la pepsi en un tiempo. En otra ocasión me dijo que estaba lactando y que le latería ponerme pañal y darme chichita. Decía ser más guarra que los albañiles y que si fuera su hijo me daría caramelos sólo si le comía toda la papaya. ¿Quieres batirme los frijoles? me preguntaba y sonreía. Luego nos escribíamos guarradas en inglés, porque ambos estábamos estudiando inglés. Ella me preguntaba que si me había dejado la verga alguna vez como helado, y le pregunté qué cómo era eso, me dijo que con dos bolitas de caca o que si me la cogía muy rudo hasta con algo de chamoy. Después me leía los poemas que le escribía (¡le he escrito muchos!) y me decía, hazme sufrir, hazme sufrir mucho. 

Hoy ya no está más en mi vida. La conocí en un hospital y creo que esas amistades nunca terminan bien. De todos modos, A, quiero que sepas que probablemente te escriba una novela. 

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