martes, 17 de septiembre de 2013

MICROFICCIÓN. Su novio es un monstruo.



Hay una verdad que, por evidente, parece inverosímil; todos la rechazan y se aferran a hacer de sí el modelo universal. 
Si es propio de los deficientes, de los cobardes, de los débiles, de los pendejos, mostrarse a sí mismos como modelos de universalidad, es porque, en el fondo (y hasta en la superficie) saben que su vida no vale nada, necesitan a alguien que los siga para que su presencia tenga sentido.

La verdad de la que hablo es ésta: nadie puede ver a través del ojo ajeno. 
Por eso cuando a ella le decían tú novio es un monstruo, besas a un monstruo, 
ella sólo sonreír y les replicaba «son imaginaciones tuyas». Tenía un poco de escamas, es cierto, pero no existe macho perfecto. Sólo sus besos, sus consecuencias. Así es como ella aprendió la esencia del amor en poco tiempo: no importa la causa, sino las consecuencias. O dicho de otra manera: importa la calidad de la sensación, no la apariencia de quien la produce. Y si de algo estaba segura, y si de algo tenía conocimiento era de que estás sensaciones eran de alta calidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario