jueves, 1 de agosto de 2013

Te extraño pero no.


Te extraño, no es de esa forma que marcó pauta el siglo XIX, sino de esa otra, más visceral y sincera. Te extraño con el alma pero también con el semen. Desbarranco una patria de signos salvajes sólo para hacerte reír, para hacerte soñar o para darte la razón en unos argumentos en los que no creo. Pienso que tú también sabes que tu lucha está perdida, pero ¿si no somos nosotros quieres nos podemos permitir un poquito de realismo mágico, entonces quién?
Te extraño, pero no de esa forma en la que uno se suicida y deja cartas póstumas y un seguro de huesos para el perro. Te extraño de manera grisú, explosivamente, trazando tácticas de guerra sobre mi cuerpo y tu cuerpo. Bajo la manga guardo los joker para ponerlos en donde los ocupes, entre tus libros, entre tus piernas, entre tus días, a un lado de tus puentes y tus ventanas, para que te den suerte. Incluso ignoro el tiempo y te digo que viviré eternamente enamorado, que apostaré mi vida siempre a tus labios, a su rojo sangre, a su húmeda calidez. Ignoro la lógica y me interno, cual verso en caída libre, en el centro psiquiátrico de tu abrazo. 
Te extraño, pero no de esa manera de las novelas románticas, sino de esa otra forma, más sensualista y descarnada, que busca arrancar tu ropa, arrancar tu piel, arrancar tus huesos, arrancar tu tuétano, hasta encontrar tu desnudez verdadera, esa que verdaderamente me excita, la piel metafísica de debajo de la piel que a través de tu piel percibo. 
¿Quién soy yo, por qué te hablo así? Eso no lo sabrás ni lo sabré tampoco yo. Sólo sé que te espero en el callejón oscuro, entre las sombras, te espero para amarte sin que veas mi cara. Para que me beses pensando en otro, para que me beses pensando en cualquiera, siempre y cuando nuestro beso improvise jazz en los labios y nuestras almas bailen tango en la saliva mezclada. 
Te extraño, pero no de esa forma cursilona y más bien patética de las telenovelas, te extraño como se extraña a la puta favorita, a aquella que cambió de esquila, o a la teibolera que cambió de centro nocturno y no volví a ver. Te extraño como extraño la grasa cuando estoy a dieta, como extraño el calor cuando tengo frío. Aunque estés lejana, tu presencia llega a mi mente suave como una canción, caliente como un poema, inmensa como una película, hermosa como el amanecer, salada como el mar. Tu presencia llega, mi amor, como una droga subdérmica, el eclíptico signo que órbita por mi sangre haciendo estallar galaxias y creando fortísimas erecciones. Así te extraño.

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