domingo, 5 de mayo de 2013

De mi época de estudiante.




Muchas personas dicen que pienso demasiado. Pero yo creo que después de dos días sin comer, es válido pensar en aguacates. Y, como es mi costumbre, empiezo a hilar recuerdos, sensaciones. Hay puntos de mi vida que se besan, otros que se dan por el culo, pero nunca dejan de ir juntos. Toda mi vida va junta, no se puede dividir por escenas. Hasta ahora yo digo que va una buena novela, o una buena película, aunque creo que aún no he escrito un buen poema con mi vida. La poesía siempre es más compleja. Así como empiezo yo esto, puede empezar cualquier novela, pero no un poema. Un poema tiene un principio, quizá no tenga un fin, pero tiene esa magia. Mi vida no ha tenido mucha magia hasta ahora, pero ha tenido cosas muy buenas. Por ejemplo, mi abuelo, y recuerdo a mi abuelo porque recuerdo a los aguacates. Mi abuelo plantó un árbol de aguacates en la casa de mis padres (que no la considero mi casa) y cuando mi abuelo murió, el árbol de aguacates murió. No me gustan muchos los aguacates de cáscara delgada, pero ahora les daría algunos mordiscos a algunos. Quizá deseo que mi abuelo plante un árbol de aguacates en mi baño, quizá así las cucarachas tengan en que entretenerse. Tampoco considero mi casa esta puta vecindad, tengo muchos vecinos y muchas cucarachas en el baño. Además hace un puto calor de mierda, es que será, pienso, por toda la gente que rodea mi cuarto. Es un cuarto alto, no tendría por qué haber tanto calor; hasta estoy sin ropa. 
Una vez mi abuelo me dijo que buscara una mujer de buena plática, porque al final es lo único que queda. Pues bien, qué tarea tan difícil es esa; una mujer de buena plática siempre es difícil de encontrar, y más en estos tiempos en que les dimos más libertad, por una sola razón: coger con más, más seguido. Un taxista me dijo, Sólo hay dos tipos de mujeres en el mundo, unas que les gusta que se las cojan, y otras que les encanta. Total, las mujeres nunca dicen lo que tú quieras, siempre dicen lo que ellas quieren y, a menudo, lo que ellas quieren no coincide con lo que yo quiero, y al haber ese choque, la plática no se desarrolla bien. Entonces conseguir una mujer de buena plática es muy complicado. Además casi todas las mujeres que quieren algo conmigo, es por esos puñeteros “poemas” que escribo. No sé si así lo decía Sabines, pero seguro que así lo quería decir: ¿Qué hago con esas pendejas que quieren poesía, mientras yo quiero coger?
Últimamente he creído que lo que vivo es un sueño. El otro día en plena clase de historia de la filosofía, estuve a punto de levantarme y decirle al profesor que se callara la boca, solamente para comprobar si estaba soñando o no, porque si estaba soñando tendría que haber sido un sueño lúcido y si es así, todos tienen que hacer lo que les diga. Así que si ustedes alguna vez aparecen en uno de mis sueños lúcidos, ya valieron. Bueno, en la clase de Historia, pensé que realmente lo había hecho, pero cuando pasó el flash, me vi sentado muy tranquilo y el profesor diciendo muchas pendejadas acerca de Berkeley, así que pensé que no era un sueño lúcido, porque, al menos yo, nunca he alucinado en uno. Ya el sueño lúcido es una alucinación, y si conscientemente te vas a dormir en tu sueño lúcido, para tener un sueño lúcido, creo que morirás conscientemente, sentirás a la muerte centímetro por centímetro, metiéndote la guaraña por el culo.
Volviendo al tema de mi abuelo; hacía tortas de huevo muy buenas. Tengo un chingo de hambre y no puedo pensar en mucho más que en comida. Mi abuelo era panadero y hacía el mejor pan, hacía las mejores tortillas de harina y el mejor arroz blanco cocido. Mi abuelo era el mejor de todos. Cuando era niño, mi abuelo me inculcó la religión; cuando él murió, murió mi fe. No podía creer en un dios bueno, si lo único bueno que tenía me lo había arrebatado. Es decir, tenía a mis papás y demás, pero me sentí terriblemente solo cuando murió mi abuelo. Es en ese punto donde conocí el dolor. Mi abuelo, alcohólico, mujeriego, jugador… siempre traía una pistola encima… eso en su juventud. Yo lo conocí ya anciano, y era el mejor abuelo del mundo. Una vez me dijo que mi abuelita lo atrapó porque le lanzó una piedra con una honda, y ya desmayado se lo llevó a su casa arrastrando. Siempre contaba cosas de ese tipo. Hacía alarde de las mujeres que había tenido, y se casó con una mujer años mayor que él, pero su mamá los separó y luego vino la pedrada de mi abuelita. 
A pesar del hambre que tengo, no sé qué compraría si tuviera dinero. Es que también tengo muchas ganas de un alcohol y unos cigarros. Si tuviera treinta pesos, compraría un charanda y unos cigarros, o diez tacos, no sabría bien qué elegir. Quizá hace unos minutos hubiera elegido los tacos sin pensarlo, pero ahora he leído, y prefiero la charanda. De todos modos tengo reservas como para no comer en un año, soy una puta ballena azul, dejaré que una grasa se trague con otra. Lo bueno de tener hambre, son las alucinaciones gratuitas. Son alucinaciones encantadoras, o delirios, mejor dicho. Y un delirio se multiplica a sí mismo, así que con cada delirio, aparecen miles más y todo hasta que casi quiere reventar la puta cabeza. Solamente tengo un garrafón de agua, del cual bebo directamente constantemente. No tengo vasos. Lo único que me caga es tener que salir a mear, es que estoy desnudo y cada que salgo me tengo que poner algo de ropa, lo que es muy incómodo. 
Ha empezado a llover, y es encantador escuchar el golpeteo del agua, junto con la música que escucho. Escucho a Frank Trumbaer, Coleman Hawnkins, Don Byas, Bessie Smith, Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker, etcétera. No todos son buenos, pero dejo correr el disco completo. De todos somos son nombres que seguramente no conocen, porque son ignorantes e idiotas, pero no los culpo. Es como dice el grupo La Barranca “El amor es tan solo la mitad de todo lo que viste, lo demás está esperando tan solo descubrirse”. Es como diría Kurt Cobain “Las estrellas están ahí, sólo es cosa de voltear a verlas”. Total, yo tengo el amor (aunque no estoy seguro de tener a la chica) y tengo lo demás. No sé, ya van varias veces que me jalo el pelo y creo que se debe a eso demás. Me preocupan demasiadas cosas y a la vez nada me preocupa. No aspiro a ser alguien, sólo quiero seguir aquí, aunque a veces –decía Curtis- el presente es lo más difícil de encontrar. “Hay demasiada belleza en el mundo como para rendirse”, pero no lo sé, tal vez “te lo digo en la otra vida, cuando ambos seamos gatos”. Quizá sí, pienso demasiado.

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