domingo, 5 de mayo de 2013

Para mi querida dientes completos.




En aquel tiempo yo conducía un Shadow 91 que es en donde aprendí a manejar y en donde, de mil maneras diferentes, pensé en matarme. Me seduce la carretera y me calma, como una amante dulce que te acaricia la cabeza como si fueras un perro y te regodeas, coqueto, porque sí, porque eres un perro. Yo conducía y salía de vez en cuando con unos amigos. A uno de ellos le confesé que amaba a cierta chica, una de las más populares del nivel preparatorio, una de las más conocidas del pueblo y, como es común a este tipo de chicas, con más mala que buena fama. Mi amigo se sorprendió de que yo, un lector ensimismado, un aburrido insensible, pudiera tener sentimientos por una mujer así: dinámica, muy diferente a mí; capitana del equipo del básquet bol y tal. 
Sin embargo ella acepto salir conmigo en algunas ocasiones; yo escuchaba cassettes de Fobia y cuando, de verdad andaba de rudo, Los ángeles del infierno. Me gustaba bajar las ventanas, escuchar la música mezclada con el viento, eso me fascinaba. Cuando nadie me veía, escuchaba algún cassette de Timbiriche o Alejandro Sanz. Esas canciones, las rockeras y las poperas, me recordaban a ella, mi querida dientes completos. Trataba de ponerle, en el auto, mis canciones favoritas para conmoverla, para que me preguntara quién cantaba tal canción que, acaso, pudiera encantarle. Qué artista, qué grupo. Pero su única respuesta fue una plática aburrida de las cosas banales que pasaban a nuestro alrededor. Y es que en un pueblo de cuarenta mil habitantes, ¿qué hay de interesante? Muchos nos refugiamos en las telenovelas, otros en la vida privada de los demás. 
Yo defendí mi amor, me peleaba con mis compañeros (la verdad no les puedo decir amigos) que hablaban mal de ella. No siempre mal, a veces decían la verdad, pero una verdad que a mí me incomodaba, porque para mí era una sacrosanta mujer; aunque en la realidad siempre fue cabrona, besucona, coqueta... Eso también me gustaba. Aunque, contra la evidencia -como un héroe que cree en su destino- le callaba el hocico a quien hablaba de ella para insultarla, es algo que mi amor exangüe y mi 1.90 de estatura me permitían hacer sin problemas. Finalmente me le declaré, llegó el gran día. Pero esa noche aprendí dos cosas importantes: una mujer a veces te dice que no, cuando quiere decir sí. Y la otra cosa es: nunca hagas una declaración de amor empezándola con la frase "Sé que dicen por allí que eres una puta, pero..." ¡No lo hagas, hasta las chicas más enamoradas de ti se hacen las dignas! Así es como se intercambiaron los papeles, ella se enamoró de mí y yo la verdad estaba muy decepcionado de que no me dijera nada de mis canciones, y de que tardaba en leer seis meses un libro muy pequeño de poemas. 
Otra cosa que se me ha olvidado contar es que, por ella y más que nada por pendejo, empecé a beber y fumar. Me enteré que ella decía que yo era un tipo bastante serio, tímido, que no iba a fiestas... Que ni siquiera bebía ni fumaba. Un día me encerré en mi cuarto con un seis de cervezas y con una cajetilla de cigarros; esas cervezas bastaron para que no pudiera ni caminar a mi cama, me arrastré. Y también fumé toda la cajetilla, más tosiendo que inhalando. Paradójicamente conforme fui interesándome más en la cerveza y en el tabaco, me fui interesando menos en ella. Supe de inmediato que en Morelia, cuidad a donde acababa de llegar, se veían bien las practicas viciosas y la gente que escribía poemas de sangre y mierda. Así que un día, sin más ni más, me subí a mi Shadow 91, aceleré, me fui de su casa y nunca más volví.

De mi época de estudiante.




Muchas personas dicen que pienso demasiado. Pero yo creo que después de dos días sin comer, es válido pensar en aguacates. Y, como es mi costumbre, empiezo a hilar recuerdos, sensaciones. Hay puntos de mi vida que se besan, otros que se dan por el culo, pero nunca dejan de ir juntos. Toda mi vida va junta, no se puede dividir por escenas. Hasta ahora yo digo que va una buena novela, o una buena película, aunque creo que aún no he escrito un buen poema con mi vida. La poesía siempre es más compleja. Así como empiezo yo esto, puede empezar cualquier novela, pero no un poema. Un poema tiene un principio, quizá no tenga un fin, pero tiene esa magia. Mi vida no ha tenido mucha magia hasta ahora, pero ha tenido cosas muy buenas. Por ejemplo, mi abuelo, y recuerdo a mi abuelo porque recuerdo a los aguacates. Mi abuelo plantó un árbol de aguacates en la casa de mis padres (que no la considero mi casa) y cuando mi abuelo murió, el árbol de aguacates murió. No me gustan muchos los aguacates de cáscara delgada, pero ahora les daría algunos mordiscos a algunos. Quizá deseo que mi abuelo plante un árbol de aguacates en mi baño, quizá así las cucarachas tengan en que entretenerse. Tampoco considero mi casa esta puta vecindad, tengo muchos vecinos y muchas cucarachas en el baño. Además hace un puto calor de mierda, es que será, pienso, por toda la gente que rodea mi cuarto. Es un cuarto alto, no tendría por qué haber tanto calor; hasta estoy sin ropa. 
Una vez mi abuelo me dijo que buscara una mujer de buena plática, porque al final es lo único que queda. Pues bien, qué tarea tan difícil es esa; una mujer de buena plática siempre es difícil de encontrar, y más en estos tiempos en que les dimos más libertad, por una sola razón: coger con más, más seguido. Un taxista me dijo, Sólo hay dos tipos de mujeres en el mundo, unas que les gusta que se las cojan, y otras que les encanta. Total, las mujeres nunca dicen lo que tú quieras, siempre dicen lo que ellas quieren y, a menudo, lo que ellas quieren no coincide con lo que yo quiero, y al haber ese choque, la plática no se desarrolla bien. Entonces conseguir una mujer de buena plática es muy complicado. Además casi todas las mujeres que quieren algo conmigo, es por esos puñeteros “poemas” que escribo. No sé si así lo decía Sabines, pero seguro que así lo quería decir: ¿Qué hago con esas pendejas que quieren poesía, mientras yo quiero coger?
Últimamente he creído que lo que vivo es un sueño. El otro día en plena clase de historia de la filosofía, estuve a punto de levantarme y decirle al profesor que se callara la boca, solamente para comprobar si estaba soñando o no, porque si estaba soñando tendría que haber sido un sueño lúcido y si es así, todos tienen que hacer lo que les diga. Así que si ustedes alguna vez aparecen en uno de mis sueños lúcidos, ya valieron. Bueno, en la clase de Historia, pensé que realmente lo había hecho, pero cuando pasó el flash, me vi sentado muy tranquilo y el profesor diciendo muchas pendejadas acerca de Berkeley, así que pensé que no era un sueño lúcido, porque, al menos yo, nunca he alucinado en uno. Ya el sueño lúcido es una alucinación, y si conscientemente te vas a dormir en tu sueño lúcido, para tener un sueño lúcido, creo que morirás conscientemente, sentirás a la muerte centímetro por centímetro, metiéndote la guaraña por el culo.
Volviendo al tema de mi abuelo; hacía tortas de huevo muy buenas. Tengo un chingo de hambre y no puedo pensar en mucho más que en comida. Mi abuelo era panadero y hacía el mejor pan, hacía las mejores tortillas de harina y el mejor arroz blanco cocido. Mi abuelo era el mejor de todos. Cuando era niño, mi abuelo me inculcó la religión; cuando él murió, murió mi fe. No podía creer en un dios bueno, si lo único bueno que tenía me lo había arrebatado. Es decir, tenía a mis papás y demás, pero me sentí terriblemente solo cuando murió mi abuelo. Es en ese punto donde conocí el dolor. Mi abuelo, alcohólico, mujeriego, jugador… siempre traía una pistola encima… eso en su juventud. Yo lo conocí ya anciano, y era el mejor abuelo del mundo. Una vez me dijo que mi abuelita lo atrapó porque le lanzó una piedra con una honda, y ya desmayado se lo llevó a su casa arrastrando. Siempre contaba cosas de ese tipo. Hacía alarde de las mujeres que había tenido, y se casó con una mujer años mayor que él, pero su mamá los separó y luego vino la pedrada de mi abuelita. 
A pesar del hambre que tengo, no sé qué compraría si tuviera dinero. Es que también tengo muchas ganas de un alcohol y unos cigarros. Si tuviera treinta pesos, compraría un charanda y unos cigarros, o diez tacos, no sabría bien qué elegir. Quizá hace unos minutos hubiera elegido los tacos sin pensarlo, pero ahora he leído, y prefiero la charanda. De todos modos tengo reservas como para no comer en un año, soy una puta ballena azul, dejaré que una grasa se trague con otra. Lo bueno de tener hambre, son las alucinaciones gratuitas. Son alucinaciones encantadoras, o delirios, mejor dicho. Y un delirio se multiplica a sí mismo, así que con cada delirio, aparecen miles más y todo hasta que casi quiere reventar la puta cabeza. Solamente tengo un garrafón de agua, del cual bebo directamente constantemente. No tengo vasos. Lo único que me caga es tener que salir a mear, es que estoy desnudo y cada que salgo me tengo que poner algo de ropa, lo que es muy incómodo. 
Ha empezado a llover, y es encantador escuchar el golpeteo del agua, junto con la música que escucho. Escucho a Frank Trumbaer, Coleman Hawnkins, Don Byas, Bessie Smith, Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker, etcétera. No todos son buenos, pero dejo correr el disco completo. De todos somos son nombres que seguramente no conocen, porque son ignorantes e idiotas, pero no los culpo. Es como dice el grupo La Barranca “El amor es tan solo la mitad de todo lo que viste, lo demás está esperando tan solo descubrirse”. Es como diría Kurt Cobain “Las estrellas están ahí, sólo es cosa de voltear a verlas”. Total, yo tengo el amor (aunque no estoy seguro de tener a la chica) y tengo lo demás. No sé, ya van varias veces que me jalo el pelo y creo que se debe a eso demás. Me preocupan demasiadas cosas y a la vez nada me preocupa. No aspiro a ser alguien, sólo quiero seguir aquí, aunque a veces –decía Curtis- el presente es lo más difícil de encontrar. “Hay demasiada belleza en el mundo como para rendirse”, pero no lo sé, tal vez “te lo digo en la otra vida, cuando ambos seamos gatos”. Quizá sí, pienso demasiado.

jueves, 2 de mayo de 2013

Ejercicios poéticos.




I
Un ego
cubierto de deliberada hipocresía
insomnio 
asco. 
Expuesto ante el grial
he sido juzgado y encarcelado
en este cuerpo
que no es mío.
Cargo una muerte ya no tan pequeña
pesa más de 50 kilos
y temo no poder dar maromas
para escapar de la inercia. 
También he sido juzgado y condenado 
por Satán, 
exceso de virtudes, 
y he sido juzgado y condenado por Dios, 
exceso de vicios,
y a todo y por todo, soy un tipo excesivo. 
Tengo el talento para multiplicarme pragmáticamente
pero no para desaparecer
y eso es lo que quiero
aunque tampoco tan trágico
sólo unos días. 
O mínimo desvanecerme 
en el mar de alguna mirada;
saber que el pasado y el futuro
no existen, son ilusión, 
y, sin embargo, 
hacer malabares con la ilusión.
Saber que me estoy fumando al todo poderoso
y que con el mismo cigarro puedo incendiar esta iglesia frente a mí. 

(Escribo en el parque.)

Las farolas, puntos suspensivos, 
y un señor que llama a mi perro 
"vente Satanás", pero mi perro se llama Caligari. 
Un niño dice a su mamá "pero me compras un jugo".
Desde las bocinas de un chevy 
Lausa Pausini se revienta el alma a través de la voz
y me la quiere reventar a mí. 
Saber que estoy perdido, que he leído cyberpunk, 
que hay un árbol retorcido a mi lado
como si fuera mi espíritu, con mis pequeños dolores,
mis diminutas agonías y mis ensayos de estertor. 
Fumando.
El piso agrietado, roto, 
como mi mano izquierda.
Un teléfono desgraciadamente público
y no púbico;
el sutil triangulo de muertes, 
(esto está lleno de cadáveres)
dos reguetoneros 
de perfume barato que, 
ya lo ven, ensucian mis letras. 
Se me está partiendo la garganta, 
movimiento,
biopsia a mi esqueleto de luz, 
a 200 kph mi mirada,
mi pantalón viejo
y mi abrigo apestoso
de vomito y sudor. 
Estoy tratando de nivelar,
no me quiero desconectar
no me quiero desconectar.
Me vuelvo difuminado
como la niebla,
hace frío,
es mal día. 
Me siento vagabundo,
extranjero en mi tierra,
fui expulsado de aquí 
con una mueca del destino
y ahora que regreso ha cambiado tanto
que ya no es lo mismo. 
Ya no tengo amigos;
extraño a quien humillar,
alguien que valore
toda la hiel de mis palabras. 
Encuentro todo irreal, un sueño,
masturbación de fantasmas, 
y las chicas de mis sueños
hasta en mis sueños me rechazan.
Soy demasiado joven para ser humilde,
soy demasiado viejo para cambiar.
Hay momentos en que quisiera
borrarme de tu percepción
y otros que quisiera gritar 
¡aquí estoy!
Yo a pesar de mi depresión insignificantes,
con suerte, indiferente para el resto del universo.
Sin embargo no me siento tan pequeño al lado de los grandes,
nunca me he sentido pequeño,
ahora no sé cuál sé la peor estupidez del hombre
¿o no saber quién es, 
o ser listo y saberlo? 
Algo me atrofia las venas 
y creo que es un pez
o un caballito de mar,
o una gaviota drogada de chiquitolina 
que confundió mi boca
con un círculo del infierno.
Así pues, con las venas hinchadas, 
el corazón en las últimas, 
los pulmones llorando humo, 
mis neuras dibujando ajedrez con la muerte, 
Así pues mi sombra, tan independiente, 
atrapa mariposas, 
camina en sentido contrario
a la intuición del destino,
o se sienta de espalda a la caverna
y en la pared ve la realidad
cuando todo es sombra afuera. 

II

No quiero desinhibir más la sentencia atroz.
quiero llorar cuando te vayas y quiero llorar por ti
porque hace mucho que no lloro
y hace mucho que no canto "no te apartes de mí". 
No quiero permanecer estoico, 
fulgurar peatones, 
cofradías de cucarachas 
y años enredados en mi pelo
como una bomba de la memoria. 
Aparte, instante sumiso, 
no quiero llorar por Maricarme 
(mi novia del kinder.)
O seré yo que vengo en mi auxilio, 
villano y superhéroe, 
espasmo y madrugada, 
cántico de esporas poiefísicas. 
Sé, conozco, 
percibo, 
determino, analizo,
reflexiono,
encamino.
algo me quema desde dentro;
fósforos para prender la noche. 
Enloquezco en un miligramo.
Mi locura tiene sombrero, 
habanos y ron, 
mi locura tiene corazón.
Aún seguiré diciendo que la locura es el inicio
y el final
de todo conocimiento
verdaderamente importante. 
Así me siento, loco,
milimétrica partícula de Aleph, 
ojos claros, café claro, 
y sé que mi lenguaje se quema, 
que mis palabras arden,
que el silencio es introspección caótica
y que mis lunares también son voz
también son fuerza. 
Cualquier representación.
Tótem; ataque epiléptico de la cultura.
Mucho peor el cristianismo. 
y el chamanismo pa' que se crean importantes
un montón de estúpidos niños yonkis;
se desprende mi ser de luz
y atraviesa el coño del Universo
y acaba en el caño del verso. 
Así es esto, raíz cuadrada de todo, 
síntesis de un amor desesperado
por un perro callejero llamado dios. 
Traficantes de sueños y pastillas, 
dilers suicidas, 
reencuentros con la nada, 
espadas laser y gafas Bryan Adams
con serpentinas de dinamita. 
Luceros abotigados, 
chingaderas digitales, 
kamikazes oníricos que van frontales
hasta Monterrey. 
Versículo vaginal
urticaria metasensorial
sonrisa marginal
comic fantasmagorilineal
Desprendo el ovni de mi piel
y puedo volar,
dejo a ET con mi hamster 
que no tengo
pero que pienso comprar. 
y un cheque en blanco para curar mis dolores, 
mi desesperación, mi angustia, 
mi mala ortografía
y mi falta de pedagogía
para el miarte de la poesía. 

III

a) La soledad parece la única verdad de esta vida,
el único e inequívoco suspiro en mi pecho. 
El concreto que nadie rompe;
la soledad también está contenida en el Todo.

b) La verdad mentirosa o verdad imperfecta 
es la danza de las palabras, el rito de las palabras, 
el aquelarre. 
El fuego. 
La palabra que se medita a sí misma. 
INCLUSO LA LETRA, 
el signo que es signo para su propio cielo. 

c) La muerte, la ilusión, el telón abajo. 
Ilusión de que acabó la obra, la pintura, la melodía musical 
mientras que internamente seguirá viviendo dentro de nosotros 
o dentro de alguien más. 
Ilusión estética, sin tiempo. 

d) La ilusión danza con las palabras 
y las palabras se hacen soledad.

ODA AL FLAGELAS




Esta noche está pariendo notas de música;
rockdrigo suena como desde un universo paralelo, lento, abismal, 
y tú te abres la piel, amigo, 
con vidrios de ceniza y alcohol.
Te tiene que doler 
para poder gritar "¡me duele!"
y sentir el vértigo del dolor
como un gusano que va dejando
sus bombas-larvas por tus venas
y tu corazón que bombea lágrimas
dentro de un trago de mezcal. 
Borracho, romántico, empedernido, 
no tienes otra religión que el amor...
fumas como deshojando margaritas
inhalas-exhalas "me quiere"
inhalas-exhalas "no me quiere".
Tus brazos son el mapa
que marca el recorrido de tus vivencias;
pareciera, a veces, 
que te quieres arrancar ese ridículo traje de hombre
con navajas oxidadas. 
Te quedas tirado al lado del río,
con la sangre todavía caliente 
resbalando por tu ropa...
Te quedas semimuerto, sin mañana, 
con el alma acuchillada, 
susurrando el nombre de tu amada,
ese nombre que ya es en ti
como una granada de mano.