viernes, 12 de abril de 2013

Una carta que no me atreví a enviar.



Dicen los que saben (o los que dicen saber) que todo pasado es remordimiento y tal vez, en algún aspecto tengan razón, pero ¿cómo remorderse de aquello de lo que uno no se arrepiente? Aunque puede que sí, puede que haya podido hacer las cosas mejor, aunque finalmente igual hubiera acabado decepcionándote por el sencillo hecho de que yo soy yo, y tú eres tú. Timbiriche y las políticas humanistas nos vendieron la idea de que tú y yo somos uno mismo, pero es contranatura atentar contra el egoísmo humano. Cada quien tiene su mundo y puede que me haya enriquecido del tuyo, que ahora diga que mis directores de cine favoritos son los que tú me recomendaste, los favoritos tuyos, puede que ahora llame música culta a la música que tú me enseñaste y puede que hasta de filosofía me hayas enseñado algunas cosas de Derrida y Gadamer, aunque filosofía no sea tu carrera; yo no sé si te enseñé algo a ti, o si te demostré lo mucho que te quería. Pero quiero pensar que en algún momento, aunque sea breve, sí, te demostré lo que te quería, lo que te quiero y lo que posiblemente te querré siempre. 
Contigo mis horas se convierten en segundos y no sé si eso sea bueno, a veces es bueno que una hora dure una hora. Pero eso sí, fueron buenos segundos, platicando de mil cosas, quedándonos en silencio, oxigenando las palabras para que después siguieran fluyendo en una vorágine de deliciosos significados. Contigo platicar se convierte en un rito, sé que entiendes mi humor y sé que entiendo el tuyo, tu humor, tierno y humanista, sincero y optimista hasta cierto punto. Tú eres luz, eres la esfera de luz de la que hablaba Empédocles, me parece, aquella que le daba equilibrio al cosmos. Por eso le agregué luz a tu nombre, por eso me enamoré de ti. Es como una metáfora fotográfica o fílmica si lo prefieres, como el expresionismo alemán, en donde se podría decir que la sombra está enamorada de la luz. Y así, yo, oscuro, borracho y patético, enfermo hasta el cansancio, me enamoré de ti. Y entonces, estilo Jack Nicholson, quise ser una mejor persona por ti, pero, como dice House, la gente no cambia y aunque pude jugar el rol una temporada, nunca he dejado de ser yo, una constitución innata (la inclinación por la poesía) y una constitución cultural (la inclinación por los poetas que son hijos de puta.) Por supuesto que mi vida sería más fácil si me gustara Neruda, pero la verdad lo detesto y detesto ese tipo de poesía, es una mierda. 
He escrito mucho para decirte algo sencillo, que no pretendo que cambie nada. Tú posiblemente tienes una pareja, y yo tengo una relación que comienza, así como mis infaltables grupis. No pretendo cambiar nada de eso, sólo que te sueño constantemente, a veces para bien, a veces para mal; sólo deseo que estés bien, porque aunque pase el tiempo en su carrera loca y desbordada, yo no dejo de pensar en ti. Y si por capricho el del gangnam style hace su guerra nuclear, quiero que sepas que yo moriría contento. Por muy maldito que aparente ser, creo firmemente en el amor y en que los seres de intelecto superior como el nuestro vienen a este mundo a amarse como un par de idiotas, como si el mañana no existiera. Amar es lo más importante que puede hacer un ser humano, y yo te amé a ti, y creo (fe vitalista) que tú a mí. Tu amor fue lo más importante en mi vida, y aún ahora que escribo esto, te amo, pero un amor desesperanzado, desapegado, en el sentido budista del término; al ser un amor sin apego, es un amor sin dolor, y así me gusta amarte. Eso no quiere decir que si algún día necesitas un ejercito no me alistaré, estoy dispuesto a luchar por ti siempre y en cualquier circunstancia, sólo que por ahora, creo, nuestra vida no va en la misma dirección. 

Tuyo siempre, 
G.

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