jueves, 4 de abril de 2013

Me duele.


Me duele como duele una ausencia que se injerta en los poros del alma, como duele el amor en un cuerpo minado, como duele una muela podrida de nada, como duele la muerte de alguien querido, como duele la estupidez humana asesinando animales. Me duele, como si el "como si" del arcano romanticismo estuviera de moda, me duele como me duele que un idiota me trate de dar consejos de algo que hago mejor que él, me duele como el silencio que no es silencio sino no-sonido. Me duele como un luna suicida en mi pupila, como la muerte de un jazzero al lado del río Misissippi, como despedida en un hotel de Agua Prieta, como la noche que llega sin medicinas ni música, como el mar embravecido acariciando mis lágrimas grotescas en una brisa salada y divina. Me duele como me dolió no arrodillarme ante la catedral y escoger esta vida de caudillo, me duele como me dolió dejarla ir en una estación de autobuses de Huetamo, me duele, como me dolió no decir lo que quería decir, decir quédate, ese universo asfixiándome en la garganta y que no salió, y que allí se quedó, me duele. Me duele como los libros que he perdido, como las resacas de amor más que de alcohol, como la mañana abrazando una almohada, como ver morir a la gente, como saber que la fe no mueve montañas, como saber que todo es nulo y que toda acción es vana, me duele mi cuerpo, mi espíritu y mi alma. Y me duele, sobretodo, porque me acabo de pegar con un pinche vaso de metal en la punta del dedito del pie.

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