lunes, 18 de febrero de 2013

Inútil. 11. 02. 13



Inútil la huella de los ángeles exterminadores sobre el alma, el cantar de las sirenas en los huesos. Inútil el aullido y, en ése sentido, hermano del Universo. Inútil la luz de las lámparas para el asesino diurno, inútil la música, los discos y las guitarras. Estas paredes que aprisionan la conciencia del insomnio, inútiles, inusuales, agrietadas por ladridos de perro y arañazos de demonio. Inútil la muerte congelada de las palabras, el viento que sopla un tango desde Buenos Aires, la voz del silencio dejando norias perfumadas de apocalipsis. 
Inútil llamar a las puertas del destino, inútil tallar mi nombre en el Árbol de la Vida, fugaz la sonrisa cuya totalidad son puntos de fuga, melancólica la carcajada que rompe el alma. Inútiles los insectos atrapados entre las telarañas, pero inútiles también los insectos libres. Inútil la mierda, e inútil el granizo sobre los sueños cuando uno escucha a Tom Waits. Inútil el vino e inútil el amor. Inútil el vuelo de gárgolas en la carne, los monólogos de Hamlet en las neuronas. Inútil la escritura y, en éste sentido, análoga al Universo. 
Inútil lo que digo y lo que callo, pero a esta hora sólo sé escribir y llorar. Inútiles y estúpidas las lágrimas.  

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