jueves, 12 de diciembre de 2013

Disertaciones de madrugada

La vida también es estar sentado en un váter a la una de la mañana. Sin saber por qué o para qué. Esperando, ¡qué absurda la espera!, la generación espontánea de la diarrea o el delirio, del hastío o la muerte. Estar sentado, dije, leyendo, aclaro, una Antología Poética de Efraín Huerta y preguntarme si —como sus poemas sugieren— Pablo Neruda era un abstemio. Y eso explicaría muchas cosas para Huerta y para mí, porque como Huerta versifica (o parece versificar pero aquí el simulacro es tan importante como el hecho) el mundo se divide en ebrios (inteligentes) y sobrios (estúpidos.) Aunque ahora estoy completamente estúpido. Pero tengo recuerdos, como olas violáceas, de la embriaguez que rendía culto a Dionisio y Bukowski, a la vez. Y bueno, también leí un poema sobre Ruben Darío, ¡qué gran poeta era ese tipo!, no sólo por su talento sino por su estatura. Era robusto, tal vez el poeta más robusto conocido en las grandes ligas... ¡Y qué pesado su cerebro! Un poeta peso pesado, un tipo duro, aunque la mariconería de su poemario Azul lo contradiga. La vida es esto, pues, también: mirar el azulejo de mi baño mientras pienso en la amistad de Efraín Huerta con Octavio Paz. ¡Octavio sí era un borracho! Bebía como gente grande, Tavo, para los amigos, al que, pese a la amistad, Huerta le hizo un testamento... El muerto al pozo y el vivo al verso. Los poetas son buenos amigos sólo mientras son pobres. ¡Ojalá desapareciera este pinche dolor! Viajo a las siete de la mañana a Morelia y no puedo dormir. Pero la vida es estar sentado en un excusado (no me gusta esa palabra, tampoco baño: ¿de qué te excusa la mierda? ¡que cada quien se haga responsable) y la vida, esa, la vida, hay que aceptarla como viene... Viendo azulejos y leyendo poesía mientras esperas, ¡oh Heráclito!, que todo fluya... 

domingo, 1 de diciembre de 2013

Yo-u



Soy el cínico de su preciosa era. Me cago en su gobierno, en sus leyes, en su iglesia. Estoy destinado a la grandeza, mi alma y mi cuerpo me lo dicen. Allá los veo presumir sus hijos, sus esposos, con sonrisas fingidas que no pueden ocultar muecas amargas. Sus hijos: enfermedades venéreas. Sus esposos: imbéciles sin creatividad ni talento para cogérselas como Satán manda. Soy poeta, pero no sólo de palabras, también de actos… ¿qué caso tiene vivir si no encuentran la llave del placer femenino, si no las tienes a sus pies, exhaustas, adorándolos como a un Dios? El Dios en donde encuentran lo prohibido, la iglesia del pecado, el Estado del delirio. Soy honesto y les digo que no me interesa poseer a nadie ni que nadie me posea; esta vida es corta y mi pasión enorme, mi sed infinita, mi esperma abundante… Odio toda belleza que no sea femenina; estoy aquí, humanista, experto en crueldades  y sometimientos porque entiendo al alma humana… Algo expresan, pero quieren otra cosa, quieren ser azotadas, dominadas por alguien fuerte y alto, alguien poderoso e inteligente. Estoy en este pedazo de cosmos porque así lo quiso el azar, escalando los peldaños de tu deseo. 
Soy el desvergonzado de su era adorada. ¡Lluvia dorada! Me cago en todo lo que dicen noble y bueno, me cago en su estúpida moral de rebaño… No le temo a la vida ni a la muerte, les ofrezco el regalo de la libertad y el libertinaje. Forniquemos hasta morir, hasta convertirnos en polvo estelar. Bebamos y dejemos que el alcohol guie nuestros deseos. Escribamos versos en espaldas de mujeres, de todas las mujeres, todas merecen ser amadas, no sólo las guapas o delgadas, ¡hagamos gemir como perras a las gordas y feas! Que amen nuestro leño, nuestros dedos y lengua… Que se masturben pensando en nosotros. He venido a dominar el mundo… diría que soy el anticristo, pero no soy antinada. Soy protodo, soy indiferente con lo que detesto. Y además Cristo, mi hermano, seguro también folló, bebió y gozo de esta vida maravillosa y cruel. Estoy seguro de que sus grandes símbolos de pureza despreciarían su mojigatería, su tibieza; a los tibios hasta el Diablo los escupe. A los tibios no los quieren ni en el cielo ni en el infierno. Los grandes místicos han vivido los extremos de la vida, aún sus santos siembre vivieron en el delirio de un Leopold von Sacher-Masoch. ¿No es acaso que los flagelados se sienten voluptuosos de entregar su dolor al amo de su adoración? 
Vivimos en una era de podredumbre. Todo está muerto, pero es nuestro afán estúpido actuar como si estuviera vivo… Si nociones como Estado o Dios aún tuvieran sentido, como si la Moral no agonizara como gonorrea en vagina de puta. Pensamos que si existimos como si existieran las buenas costumbres, habrá buenas costumbres. Pero somos salvajes, sanguinarios, he venido para pegar y pegar duro a todo aquel imbécil que no esté de acuerdo. La tolerancia es una necesidad de las especies mediocres; los otros estamos aquí para aplastar porque podemos aplastar, estamos aquí para hacer pedazos porque podemos hacer pedazos… Sólo pactan con lo establecido los débiles y mediocres, y hacen bien, saben que son débiles o mediocres y que el fuerte y creativo los aplastaría, los haría trizas de no ser porque son horda… Los presidentes y sacerdotes no son más que una bola repugnante de mierda, sin embargo los veo adorándolos y besando sus manos, más les valdría besar sus deshechos fecales en el retrete… 
¡Soy el cínico de su era dorada…! Soy hijo de Sade, ¿quién sino él ha comprendido el alma humana? ¡Qué explote todo, qué todo se desplome! Qué mueran los absolutos, las hipocresías y los supuestos sentidos que soportan al mundo… Me reconozco azar, me reconozco caos, ese azar que baja las braguitas de tu novia, ese caos que la hace mojarse… Me reconozco hijo del viento, pariente de la piedra, sueño de la tortuga, he venido a cantar el sinsentido a través de la destrucción y la violencia, vine a hacer negro, para siempre, tu cuento de hadas…

martes, 17 de septiembre de 2013

MICROFICCIÓN. Pintar el Aleph.





He notado sobretodo que respirar es una trampa: muchos ven la trampa en la publicidad, otros en el lenguaje, unos más en la semiótica: que abarca desde la mímica. Pero yo veo la trampa en el simple hecho de respirar, en la existencia biológica. vivir es una cárcel, es estar constantemente de espaldas al pabellón de fusilamiento. Pero en medio de tanto rito caótico he encontrado una formula que va más allá del bien y el mar. 
En primer lugar les digo que soy pintor, no muy bueno, más que nada mediocre. Sin embargo, por azares del destino (y una novia bibliófila) conseguí el Aleph de Borges, leí el cuento que le da nombre al libro y cambió mi vida. Desde entonces me dedicó a buscarlo, el Aleph, pero más que eso, me dedico a construirlo, de ésto último me di cuenta a través de la imposibilidad de lo primero. ¿Cómo buscar el punto aquel a través del cual pueda verse todo? A través del infinito, y el infinito nunca es una suma, siempre es una resta. Con premisas de este tipo, se me hizo prudente preguntarme por un principio moral, pero tal principio pierde importancia frente al infinito. Les digo que su moral es un invento finito hecho por finitos (no refinados, sino mortales.) En el infinito (el sin-tiempo) toda noción moral pierde sentido. Así, sin remordimientos ni dudas, creé el punto de fuga en mis pinturas y a través de mucho experimentar lo vi: con la cualidad, por demás sobresaliente, de que esta pintura me traga, me absorbe, y no sólo veo todo, sino que lo vivo todo. Mi mente y mi cuerpo quedan destrozados después de cada viaje al centro del cosmos, sin embargo, siempre quiero otra dosis. 
Así he venido a parar a este centro psiquiátrico (yo prefiero llamarlo centro de rehabilitación para psiconautas) porque dicen que estoy loco. Me han quitado mis pinceles y pinturas, estoy hecho un desastre: quiero pintar, me quiero perder, para que mi vida valga algo, para que tu vida valga algo, para que el tiempo y el espacio valgan nada y entonces, sobre ese desierto, florezca esa mirada sabia con la que firmo cada cuadro, sabiendo que no vale nada para esta vida, sino sólo para quienes podemos contemplar el Aleph

MICROFICCIÓN. Su novio es un monstruo.



Hay una verdad que, por evidente, parece inverosímil; todos la rechazan y se aferran a hacer de sí el modelo universal. 
Si es propio de los deficientes, de los cobardes, de los débiles, de los pendejos, mostrarse a sí mismos como modelos de universalidad, es porque, en el fondo (y hasta en la superficie) saben que su vida no vale nada, necesitan a alguien que los siga para que su presencia tenga sentido.

La verdad de la que hablo es ésta: nadie puede ver a través del ojo ajeno. 
Por eso cuando a ella le decían tú novio es un monstruo, besas a un monstruo, 
ella sólo sonreír y les replicaba «son imaginaciones tuyas». Tenía un poco de escamas, es cierto, pero no existe macho perfecto. Sólo sus besos, sus consecuencias. Así es como ella aprendió la esencia del amor en poco tiempo: no importa la causa, sino las consecuencias. O dicho de otra manera: importa la calidad de la sensación, no la apariencia de quien la produce. Y si de algo estaba segura, y si de algo tenía conocimiento era de que estás sensaciones eran de alta calidad.

lunes, 16 de septiembre de 2013

MICROFICCIÓN. Caimanes.



—¿Sabes cuál es tu realidad? Le preguntó su padre. 
    Su padre era un cuerpo de vísceras fluorescentes. 
—Mira cómo vienes, dijo el papá sin esperar respuesta a su primera pregunta.
    ¿Cómo se ve uno a sí mismo? ¿Desdoblando el ser hasta verse a sí mismo como un ente ajeno?  Su realidad era un desierto de pétalos de rosa. Su realidad era un poema infinito. 
—¿Para eso te educamos tu madre y yo? ¿Para que andes de vago, drogado, perdido y con tu sonrisa idiota? Preguntó su padre enfurecido, más enfurecido al ver que el otro no le contestaba.
—Mi madre y tú me educaron para ser un asesino serial. Lamento decepcionarlos. Pensó en decir. Pero no dijo nada, sólo sonrió por el pensamiento que había pasado por su mente.
    No había otro tipo de sonrisa que la idiota, pues sólo un idiota podría reírse en medio de una fosa séptica. Sólo un idiota baila debajo de la lluvia ácida, pues no hay otra manera de bailar. Sólo un idiota se apuesta la vida en un beso, pero no hay otra manera de amar. Sólo un idiota escribe cartas de amor, sólo un idiota las recibe. Sólo un idiota sabe sonreír porque, aunque no sabe mucho, sabe que llorar no tiene mucho sentido. 
—Eres hermoso, dijo el muchacho.
    Su padre estaba paralizado, no sabía cómo interpretar lo que su hijo le decía. Ya vencido, sólo alcanzó a decir:
—Date un baño y descansa, cuando te bajes del tren hablamos. 

MICROFICCIÓN. El lunes que devino asesino.



— Yo no soy lunes, dijo el Martes.

— Yo no soy lunes, dijo el Miércoles.

— Yo no soy lunes, dijo el Jueves.

— Yo no soy lunes, dijo el Viernes.

— Yo no soy lunes, dijo el Sábado.

— Yo no soy lunes, dijo el Domingo.

Todos haciendo notar no tanto que ellos eran otro día, sino que ellos no eran Lunes. Porque el Lunes es discriminado, es homosexual, es judío, es negro, es mujer, es campesino, es pequeñito, es flacucho, es enfermizo, usa anteojos. 
Desde niño, nadie lo elegía para su equipo a la hora del recreo. Un día Lunes compró un revólver para suicidarse, temblaba de rabia y sus lágrimas empañaban sus anteojos. Estaba harto de tanta discriminación... Entonces un sonido de pájaro, al otro lado de su ventana, le avisó que aún había posibilidad de redimirse: salió de su casa, con el revólver en la mochila. Encontró a Jueves inyectándose heroína en un callejón, le disparó limpio, en el centro del cráneo. Los sesos de Jueves dibujaron una mariposa rosada. Los labios le temblaban de muerte y espuma, rabioso quedó el cuerpo estúpidamente inservible.
Encontró a Sábado cogiendo con Miércoles en un hotel de paso, pese a que Sábado era esposo de Viernes; disparó a Sábado, hiriéndolo en un brazo, Miércoles soltó un alarido aún con los pezones húmedos por la antigua saliva de Sábado.. A Lunes le molestó tanto el alarido que le disparó cuatro veces... y el tiro que le quedaba fue para Sábado.
(Otra mariposa de sesos, gotas de sangre a la Pollock sobre las sábanas, sombra refleja por la lámpara del buró. Música en un reproductor.)
Llegó la policía y atrapó a Lunes, ese niño del barrio con el que nadie había querido jugar, pero juró regresar para matarlos a todos, menos a Domingo que (astutamente) era su abogado.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Pensé en escribirle una novela


Posiblemente nadie me lo crea. Posiblemente después de tanto tiempo ni yo lo crea, lo cierto es que te conocí y dijiste que eras una mártir, que rezarías por mis pecados y te masturbarías con un rosario en la mano con tal de ser absuelto de mis pecados. Ella decía que no sabía si estaba resfriada o es que tenía una verga atravesada en la garganta. 

(Yo pensé en escribir una novela acerca de ella.)

Cuando la conocí ella me decía que soñara con su cadáver aún caliente, al que me podría coger como a una muñeca de trapo. Ella me contaba sus sueños en los que tenía pene y el chico con el que estaba tenía un puvis túpido de pelo. Me contaba cómo le metía la verga a ese tipo, y que despertaba con ganas de masturbarse y, sin embargo, al despertar se daba cuenta de que no tenía pene sino vagina. Ella decía que se acordaba de mí cuando veía a Barney y sus amigos, porque era culera a más no poder. Pero también solía decirme que quisiera ser mi hija y que me la cogiera salvajemente mientras le decía al oído que era una putita, que se había portado mal, que habría que disciplinarla. 

(Pensé en escribir una novela acerca de ella.)

Me cuenta sus sueños, de una vez que soñó con las tetas de su maestra de idiomas y cómo después, por azar, se las vio y sí eran exactamente igual que como las había soñado. Esa chica una vez me puso la webcam para verla orinar sobre un vaso de Michael Jackson, de esos que regalaba la pepsi en un tiempo. En otra ocasión me dijo que estaba lactando y que le latería ponerme pañal y darme chichita. Decía ser más guarra que los albañiles y que si fuera su hijo me daría caramelos sólo si le comía toda la papaya. ¿Quieres batirme los frijoles? me preguntaba y sonreía. Luego nos escribíamos guarradas en inglés, porque ambos estábamos estudiando inglés. Ella me preguntaba que si me había dejado la verga alguna vez como helado, y le pregunté qué cómo era eso, me dijo que con dos bolitas de caca o que si me la cogía muy rudo hasta con algo de chamoy. Después me leía los poemas que le escribía (¡le he escrito muchos!) y me decía, hazme sufrir, hazme sufrir mucho. 

Hoy ya no está más en mi vida. La conocí en un hospital y creo que esas amistades nunca terminan bien. De todos modos, A, quiero que sepas que probablemente te escriba una novela. 

miércoles, 28 de agosto de 2013

La reliquia.


¿Qué podría haber en el cofre? 
Porque ella vino y la noche vino y la sombra vino. Por eso y por mi curiosidad se me hizo pertinente y hasta necesario preguntar. Óbolo el lápiz, óbala la hoja, óbola la pregunta, óbolo el discurso. La sombra de la palabra cayó en la mirada como un verso afrancesado y, a la vez, como el canto de un gitano que, igual que San Pablo, no sabía hasta donde llegaría su voz. 
Los gitanos son errantes. Los gitanos son errantes como los cuchillos -me repetía. 
Mi voz rebotaba contra las paredes de mármol. Mis manos estaban sobre la mesa y cantaba alegre mientras me pasaba un cuchillo entre los dedos. Me clavé el cuchillo en un dedo y empezó a salir la sangre como saldría el champagne; luego el grito, luego la sangre espesa y negra; así era yo, como mi sangre, y la huella que dejaba sobre la arena era la de un nocturno animal. 
Una herida no es nada en este teatro de sombras -dije riendo. 
Un dedo decapitado, un dedo brujo. Izado el canto del animal nocturno; bebí el vino de sombra y me pareció ver al universo entero en su espuma. La anciana levanto la reliquia, pronto todos despertaríamos. 

lunes, 26 de agosto de 2013

Universitario con argumento ad passio



La gente dice que exagero mis recuerdos, que alargo el tiempo, que achico la distancia, que soy un emperador de la metáfora y el mito. Puede que sea cierto y puede que no. Lo que digo es verdad, al menos del único tipo de verdad posible: verdad subjetiva. 
Se daba el caso que esperaba a una feminista mal encarada que era mi maestra de epistemología. A las feministas les encanta el tema de la dignidad de la mujer, por eso aprovecha la menor oportunidad para tachar de falocéntricos a algunos de los grandes pensadores de la historia, sin sospechar que así hace indignas a las mujeres y a ella misma por ponerse en semejante situación de patetismo. Sin que viniera al caso, despotricaba contra los grandes genios de la historia, todos hombres, todos valientes, todos seres humanos que asumieron su vida y no se dedicaron, como idiotas, simplemente a culpar a los demás de los fracasos personales. Hay que conocer a las feministas más aguerridas para saber que su batalla está pérdida, que es una perdida de tiempo y una estupidez querer igualarse con algo tan inferior como un hombre. El feminismo es la antropología moderna, me decía cada que mi valiente profesora salía con una opinión propia y no referente al texto. Y la antropología debería ser una rama de la entomología, concluía y reía para mí mismo o para algún compañero, regularmente pacheco, que se reía de todo y era empático con todos. 
Por un azar de Saturno, llegué quince minutos antes de la hora de clase. Mi costumbre, pese a ver el salón vacío, es sentarme hasta atrás del salón. Primero porque con mi 1.90 mts de estatura, hasta adelante estorbo y segundo porque desde atrás tengo una vista periférica de todo el salón, lo que me permite estar tranquilo de los nervios, cosa de la que sufro mucho. Tan privilegiada ubicación me permitió pasar desapercibido cuando una compañera llegó. Estaba empapada, había comenzado a llover apenas había entrado yo a la Facultad. Ella llegó diez minutos después, aún faltaban cinco para que la clase comenzara, la vi de reojo porque estaba leyendo un libro de Xavier Villaurrutia. Luego, por descuido o mecánica divina, la chica se quitó la blusa. Era una chica morena, delgada, con chinos; vi la línea de su espalda recorrida por un rayo de sol que luchaba contra la lluvia con tal de acariciar aquella piel. Escampó y salió el sol de lleno. La lluvia fue fuertísima pero breve, como los grandes amores. Efímera pero necesaria. Así que vi su sostén casi innecesario para sus pequeños pechos y sus pezones erectos. Atrás de ella la luz la hacia parecer demiúrgica, una imagen contrastada entre la luz y la sombra, una lucha entre los dioses y la carne; la carne ganaba, me dije, pensé. Ella se sorprendió al verme, pero su sorpresa duró muy poco al ver mi cara de idiota (Dostokorosawinia) al mirarla y siguió poniéndose la blusa que traía de repuesto, pero ésta vez despacio, coqueta. O no lo sé, puede que el tiempo sólo se haya detenido en mi conciencia. 
¿Qué lees? Me preguntó. Le dije. Casi yo no sé nada de poesía, me dijo. No seas mensa, es cosa de que te veas desnuda al espejo, lo pensé pero no se lo dije. Estuvimos platicando hasta que pasaban más de veinte minutos para que iniciara la clase. Como era común en la Facultad: la maestra feminista no llegaría, estaría en alguna marcha o defendiendo alguna injusticia social -insertar risas grabadas-. Nos daba igual, lo que lamentábamos era haber ido y no enterarnos de que no iría, cosa que nuestros demás compañeros sí hicieron porque no llegó ninguno. Sólo estábamos allí los dos como idiotas (esta vez idiotas a secas) esperando una clase que nunca llegó, pero llegó algo mejor: ella y su exquisito ¿descuido?
Me dijo que vivía en la Casa del Estudiante y que su novio casi no la pelaba, y tal vez, como dijera Forest Gump, no seré muy inteligente pero sé que cuando una mujer dice eso es porque tiene algún interés en ti. Se pone en el papel de dama indefensa, en espera del rescate del hombre que "vale la pena" aunque regularmente éste héroe es más canalla que el novio mismo. El caso es que la chica quiere ser rescatada y no serías un caballero si no la invitas al modesto cuarto que rentas, a ver películas y echarse una chela. Eso hice, ella aceptó. 
Estuvimos platicando sobre las clases, los maestros que nos caían bien y los que detestábamos. Coincidíamos en muchos, pero no en todos. Ella era una chica que se había metido a Filosofía para conseguir la matricula y luego simplemente cambiarse de carrera; antes la Facultad tenía fama de aceptar a cualquiera, pero yo vi muchos que se regresaban por donde vinieron. La chica no era precisamente estúpida, pero sí era algo tonta. No sabía de música, ni de cine, ni de literatura. Luego salió el tema de su pobreza y no es que yo fuera rico, pero me alcanzaba bien para vivir y de vez en cuando darme una cervecita o dos o cuarenta y ocho. El caso es que, en los albores del alcohol, le di un un trago tan largo a mi caguamón Indio que se bajó hasta la mitad y ya envalentonado le propuse que se acostara conmigo por dinero. 
Se indignó, como nuestra maestra feminista de Epistemología les había enseñado, pero no se levantó ni hizo señas de querer irse. Quería que la convenciera, que su novio era un pendejo, que no la merecía y que de todos modos no se iba a enterar, que el dinero le vendría bien, que le ofrecería más pero no tenía, que siempre le he tenido ganas, que estaba hermosa y que era una de las mujeres más bonitas que había visto en mi vida. Exageré, era fea y muy delgada, pero su cuerpo tenía cierta geometría oculta que de verdad me excitaba y además pagaría lo que fuera por verla, de nuevo, quitarse la blusa frente a mí. Esa era la verdad de mi discurso: hubiera pagado lo que fuera. Ella que no, yo que sí. Yo que la besó, ella que se deja. Y así sucesivamente.

miércoles, 26 de junio de 2013

Carta abierta (reciclada) a mi primera novia.



Ahora estoy solo en esta casa. Creo que eso me gusta: la soledad nos vuelve más desnudos, así que estoy sin máscaras como desde hace mucho tiempo quería estar.
Lo malo es que la soledad también me vuelve más sensible y hace un rato estaba llorando. Las películas y las canciones me hacen llorar. Hace unos días iba por un camino rumbo a Yurecuaro (un pequeño pueblo cercado a Maravatío) y vi un arco iris, unos pájaros volando por debajo.  Más allá un charco de agua sucia reflejaba bien el cielo y, después de eso, lloré. También sé llorar porque el mundo es hermoso.
Estaba pensando: si es cierto que nos conocimos un dos de enero, hace apenas un mes atrás de eso nosotros éramos unos niños de catorce y quince años. ¿Te imaginas? Y tú ya habías vivido muchas cosas. Éramos unos críos y nos conocimos únicamente porque la mano del destino nos arrojo, cual dados, allí: a pelearnos por Maná. Tú los defendías de mis ataques. Al final, como siempre, ganaste. A mí me agrada que exista Maná porque me recuerda aquél mail, aquellos primeros mail's. Hasta la fecha sigues usando el mismo estilo de letra en negrita y tu misma firma cibernética.
¿La € de euros en tu firma? Eso es lo que no entendía, pero ya lo entendí; significa, para mí, que vales mucho más que el dinero del mundo, incluso el europeo. Yo quisiera ir a Europa, sé que algún día, con dedicación y esfuerzo, podré ir para allá.
(Perdón, cuando escribo me pierdo del tema. Yo creo que por eso nunca seré un buen novelista.)
Muchas cosas pasaron. Este tiempo la he cagado muchas veces, y tú también lo has hecho. Sin embargo, no se comparan las pequeñas cosas que me has hecho con las mierdades que yo te he hecho a ti. Créeme que sinceramente me arrepiento de todas ellas. Sé que de alguna manera mi situación sentimental es una forma de pagar. 'Me estoy pudriendo por dentro', a menudo lo pienso, pero en realidad no es que me pudra, sólo que te extraño. Extraño tus mail's cariñosos, tus letras de amor y hasta cuando te emborrachabas y me hablabas aunque, la verdad, no se te entendía, pero a mí me hacías feliz.
Si de alguna manera he de confesarme ante esta hoja, lo haré. Posiblemente la leas. Mira, yo tengo unos padres maravillosos, dos hermanas inteligentes y que me apoyan. Mis abuelos han sido los grandes cariños de mi vida. Mi abuelita todavía lo es, ella todavía vive.
De niño quería ser cazador de pájaros, aunque nunca tuve la intención de herir alguno. Tuve "amigos" que estaban conmigo por interés y conveniencia, pero como sea, nunca estuve solo. Tuve una infancia linda, quizás en la secundaria y preparatoria cambiaron las cosas. Pero todo esto te lo digo como preámbulo, para explicarte mejor que me sentí completo hasta que te conocí a ti. Y si salí huyendo, en más de una ocasión, fue por lo mismo: nunca había sentido eso y me aterré.
Para mí era traumático aceptar ante mí mismo que estaba enamorado de una chica por internet. Ya veía venir todas las burlas y críticas que, de hecho, sí vinieron. El drama también. Pero con estas letras te juro que eso ha quedado atrás y, al contrario, me enorgullezco de la mujer que conocí.
Quizás suene mucho a Sabines, empero, cuando te decía "pendeja" te estaba diciendo "mi amor". Era mi manera de protegerme de ti. Pero fui muy patético porque quería protegerme cuando ya te tenía clavada en mi sangre y te bombeaba mi corazón.
Ahora todo es distinto y es que han pasado muchos años, no somos los mismos de cascarón y menos de pensamientos, pero somos los mismos de esencia. Seguimos siendo dos almas locas y distintas que se complementan. Es verdad, somos diferentes en muchos aspectos, pero si fuéramos iguales quizás no me hubiera enamorado. La diversidad enriquece una cultura, la tolerancia y convivencia la cimientan. Si fuéramos iguales sería aburrido, ni siquiera tendríamos de qué pelear.
Recuerdo que te decía "no tenía dónde escribir y sólo estaba tu correo abierto", creo que ambos sabemos que lo abría a propósito. Recuerdo cuando me hablaste de Lucía. Recuerdo cuando tu papá te hizo sentir mal y recé por ti (y eso que era radicalmente ateo.) Recuerdo cuando te dije, "esa rola me gusta y no tengo a quién dedicársela, te la dedico a ti", fue cuando te dediqué La Pelotona, de Cartes de Santa. Pasaba un coche blanco por enfrente, con esa canción, yo estaba afuera de los tacos cuando te dediqué esa canción. No sé porqué pero recuerdo todos los detalles, están muy vivos en mi memoria. Recuerdo que por la época que nos conocimos nadie (casi nadie) me trataba como ser humano y tú sí lo hiciste. Viste lo que había dentro de mí y trataste entenderme. Recuerdo que por eso me gustaba "La bella y la bestia", porque tú eras como ese sueño. Eres tan hermosa y yo, la verdad, soy una bestia estúpida.
Recuerdo que tú me ayudaste mucho a aliviar rencores, a sonreír, a perdonar, a encontrar mi camino y un sentido a la vida. Me enseñaste a ser fuerte y no darme por vencido, a confiar en mí mismo. Curaste muchas de mis inseguridades.
Antes que nada y después de todo, le doy gracias al destino por haberte puesto en mi camino porque más allá (incluso) del plano sentimental, eres una persona que me ha enseñado muchas cosas. Y en lo sentimental, bueno, me hiciste infinitamente feliz el tiempo que fuimos eso que no se le puede llamar noviazgo porque, para mí, fue algo mejor.
 

jueves, 20 de junio de 2013

La chica de la vecindad.



Yo tenía entre diecinueve o veinte años cuando me fui a vivir a una vecindad. Eran otros tiempos en la bella Morelia. Por ejemplo, viajar en transporte público no era un privilegio de ricos y la Catedral todavía no estaba artificialmente iluminada, aún se iluminaba a sí misma por su inmensa belleza. De todas maneras yo no tendría que volver a tomar camión porque la Facultad de Filosofía me quedaba a unos escasos metros de donde ahora vivía y, para ir al centro, iba caminando, a veces de madrugada, entre prostitutas, con tal de inspirarme de la noche moreliana. De la verdadera noche moreliana, cruda, sádica, maldita, muchas veces maravillosa y mágica. Las personas constantemente tienen el síndrome de la gallina y a cualquier eclipse le llaman noche. Pero yo necesitaba más que un ligero eclipse, quería sentir la noche, en su esplendor, todos sus colmillos. En esa época, aún así, era más tranquilo pasear por las calles... No incendiaban gasolineras, ni había narcobloqueos. Después de todo era una buena época. 

De todos modos, era la primera vez que vivía en una vecindad; era un cuarto para mí solo, cabía una cama y pocas cosas más. El baño de arriba había que compartirlo sólo con unos vecinos que, al parecer, estudiaban arquitectura porque seguido estaban haciendo diseños. El baño de arriba tenía unos azulejos llenos de cochambre, única herencia de inquilinos anteriores. Los vecinos de abajo tenían que compartir todos un baño, eso sí era tétrico, porque eran como cinco cuartos y un minidepartamento. Eran mucha gente para un solo baño, por eso agradecía la suerte de ocupar uno de los cuartos de arriba. De todos modos estaba algo asustado, el miedo natural del que se enfrenta a algo nuevo. Lo único que sabía de vecindades era lo que había visto en El chavo del ocho. Pero para vencer el miedo, como otras veces, me refugié en mis libros. El trabajo de empatía llegó de inmediato, pues le tocaba turno a Crimen y castigo, y según recuerdo, esa novela comienza cuando el protagonista se va a vivir a una vecindad. Fascinado en la belleza que siempre me ha provocado leer a Fiodor Dos, todo se fue haciendo más llevadero. 


La primera vecina que vi, y que me gustó, fue una chica que, por el acento con el que hablaba, parecía de guerrero o tierra caliente de Michoacán. Tenía ese acento que yo conozco tan bien porque tengo familiares en tierra caliente. Pero no habló conmigo, nunca hablé con nadie. Sólo hablaba con los caseros y lo indispensable. Siempre he sido mamón, aparte de tímido. Pero sobretodo mamón. Y no hablaba con nadie; esa chica me gustaba pero nunca le di siquiera los buenos días. Sin embargo, esta historia, la que me propuse narrar hoy, es sobre la otra: la casada. 

Abajo de mi cuarto y del cuarto de los arquitectos. (Mucha gente habitada esos cuartos en dos o tres personas, no sé cómo, yo siempre que he rentado he vivido solo.) (Aunque en una vecindad nunca estás solo.) Abajo de nuestros cuartos, estaba el pequeño departamento donde una familia vivía. El esposo que vi pocas veces, se la pasaba trabajando, el niño que se la pasaba chillando y del que siempre tenía que librar sus juguetes al subir la escalera y finalmente la esposa. Ella era delgada, pobre; la mayoría de nosotros era estudiante, no necesariamente pobres si teníamos para rentar, pero tampoco ricos, más bien clase media. Ellos, el matrimonio, sí eran pobres; en ese pequeño espacio tenían refrigerador, estufa, comedor, lo que se supone debe tener una casa. La chica tendría como unos veinticinco años, el marido era más o menos de la misma edad; el niño tendría unos tres o cuatro años, la verdad es que soy malo para calcular edades. La chica me fascinaba, sus brazos eran delgados como hebras, sus manos huesudas, sus tetas redondas y medianas, su culo estaba bien formado, sus piernas algo flacas. La verdad es que no era ninguna miss universo. Hablo en pasado, porque ahora no la veo, no sé qué sería de todos ellos. No me importa, me quedo con el recuerdo. 


Un día llegué muy borracho y la vi lavando, el movimiento de sus tetas, allí clavé mi mirada. Ella estaba agachada, lavando y no me prestó atención. Ya sabían que yo no saludaba, no hablaba, era un fantasma que entraba y salía del cuarto de arriba, solamente. En mi cuarto saqué de mi mochila algunas cervezas más, puse música suave (nunca podía escuchar música fuerte o me corrían.) Las cervezas hicieron su efecto: tuve que ir al baño a mear. Me daba las últimas sacudidas, cuando vislumbré el aleph. Un punto en la ventana de persiana que estaba toda rota, pero entre tanta fractura se podía ver un punto de belleza. Una mejor toma de la chica lavando, una desde donde podía ver sin que nadie me viera; contemplé con devoción como movía las tetas, su escote desde el segundo piso parecía mucho más hermoso que viéndola de frente. Saqué mi pene y lo sacudí, empezó a ponerse grueso entre mis dedos, duro; lo imaginaba allí, insertado en su escote, justo entre sus tetas. Sentí el delirio, el orgasmo, no alcancé el papel, así que sentí mi semen inundando mis manos, era caliente y abundante. No lo podía creer; esa mujer ante mis ojos era un tanto sosa e insignificante... dijera Rockdrigo, era una ama de casa un poco triste. Pero había tenido el mejor orgasmo de mi vida viéndola, viendo sus tetas en ese meneo como de olas de mar. Yo la dotaba de dones místicos, creía que cada movimiento de su espalda era un pincelazo de algún artista renacentista. Porque así, yo renacía cada que ella lavaba la ropa. Cuando llegaba a escuchar (en una vecindad todo se escucha) que ella lavaría, mi sangre comenzaba a golpear las paredes de mi cuerpo, mi pene se hinchaba, mi corazón era una orquesta. Era una chica triste, de verdad, me hubiera gustado invitarla a mi cama e inocularle un poquito de vida. Pero nunca me cogí a nadie en ese cuarto, en parte porque era tímido, en parte porque era mamón. Sobretodo porque era mamón. 

Después de una temporada, organicé un par de fiestas en mi cuarto que incluían alcohol, drogas y música a alto volumen  Eso bastó para que mis caseros, una pareja de ancianos, me corriera a la calle. Entonces me fui a otra vecindad. Pero esa chica, la del lavado artístico, la que creí que pasaría inadvertida el resto de mi vida, hoy regresó a mi memoria. No me queda más que dedicarle estas palabras y, si acaso, una masturbada, por los viejos tiempos. 

domingo, 5 de mayo de 2013

Para mi querida dientes completos.




En aquel tiempo yo conducía un Shadow 91 que es en donde aprendí a manejar y en donde, de mil maneras diferentes, pensé en matarme. Me seduce la carretera y me calma, como una amante dulce que te acaricia la cabeza como si fueras un perro y te regodeas, coqueto, porque sí, porque eres un perro. Yo conducía y salía de vez en cuando con unos amigos. A uno de ellos le confesé que amaba a cierta chica, una de las más populares del nivel preparatorio, una de las más conocidas del pueblo y, como es común a este tipo de chicas, con más mala que buena fama. Mi amigo se sorprendió de que yo, un lector ensimismado, un aburrido insensible, pudiera tener sentimientos por una mujer así: dinámica, muy diferente a mí; capitana del equipo del básquet bol y tal. 
Sin embargo ella acepto salir conmigo en algunas ocasiones; yo escuchaba cassettes de Fobia y cuando, de verdad andaba de rudo, Los ángeles del infierno. Me gustaba bajar las ventanas, escuchar la música mezclada con el viento, eso me fascinaba. Cuando nadie me veía, escuchaba algún cassette de Timbiriche o Alejandro Sanz. Esas canciones, las rockeras y las poperas, me recordaban a ella, mi querida dientes completos. Trataba de ponerle, en el auto, mis canciones favoritas para conmoverla, para que me preguntara quién cantaba tal canción que, acaso, pudiera encantarle. Qué artista, qué grupo. Pero su única respuesta fue una plática aburrida de las cosas banales que pasaban a nuestro alrededor. Y es que en un pueblo de cuarenta mil habitantes, ¿qué hay de interesante? Muchos nos refugiamos en las telenovelas, otros en la vida privada de los demás. 
Yo defendí mi amor, me peleaba con mis compañeros (la verdad no les puedo decir amigos) que hablaban mal de ella. No siempre mal, a veces decían la verdad, pero una verdad que a mí me incomodaba, porque para mí era una sacrosanta mujer; aunque en la realidad siempre fue cabrona, besucona, coqueta... Eso también me gustaba. Aunque, contra la evidencia -como un héroe que cree en su destino- le callaba el hocico a quien hablaba de ella para insultarla, es algo que mi amor exangüe y mi 1.90 de estatura me permitían hacer sin problemas. Finalmente me le declaré, llegó el gran día. Pero esa noche aprendí dos cosas importantes: una mujer a veces te dice que no, cuando quiere decir sí. Y la otra cosa es: nunca hagas una declaración de amor empezándola con la frase "Sé que dicen por allí que eres una puta, pero..." ¡No lo hagas, hasta las chicas más enamoradas de ti se hacen las dignas! Así es como se intercambiaron los papeles, ella se enamoró de mí y yo la verdad estaba muy decepcionado de que no me dijera nada de mis canciones, y de que tardaba en leer seis meses un libro muy pequeño de poemas. 
Otra cosa que se me ha olvidado contar es que, por ella y más que nada por pendejo, empecé a beber y fumar. Me enteré que ella decía que yo era un tipo bastante serio, tímido, que no iba a fiestas... Que ni siquiera bebía ni fumaba. Un día me encerré en mi cuarto con un seis de cervezas y con una cajetilla de cigarros; esas cervezas bastaron para que no pudiera ni caminar a mi cama, me arrastré. Y también fumé toda la cajetilla, más tosiendo que inhalando. Paradójicamente conforme fui interesándome más en la cerveza y en el tabaco, me fui interesando menos en ella. Supe de inmediato que en Morelia, cuidad a donde acababa de llegar, se veían bien las practicas viciosas y la gente que escribía poemas de sangre y mierda. Así que un día, sin más ni más, me subí a mi Shadow 91, aceleré, me fui de su casa y nunca más volví.

De mi época de estudiante.




Muchas personas dicen que pienso demasiado. Pero yo creo que después de dos días sin comer, es válido pensar en aguacates. Y, como es mi costumbre, empiezo a hilar recuerdos, sensaciones. Hay puntos de mi vida que se besan, otros que se dan por el culo, pero nunca dejan de ir juntos. Toda mi vida va junta, no se puede dividir por escenas. Hasta ahora yo digo que va una buena novela, o una buena película, aunque creo que aún no he escrito un buen poema con mi vida. La poesía siempre es más compleja. Así como empiezo yo esto, puede empezar cualquier novela, pero no un poema. Un poema tiene un principio, quizá no tenga un fin, pero tiene esa magia. Mi vida no ha tenido mucha magia hasta ahora, pero ha tenido cosas muy buenas. Por ejemplo, mi abuelo, y recuerdo a mi abuelo porque recuerdo a los aguacates. Mi abuelo plantó un árbol de aguacates en la casa de mis padres (que no la considero mi casa) y cuando mi abuelo murió, el árbol de aguacates murió. No me gustan muchos los aguacates de cáscara delgada, pero ahora les daría algunos mordiscos a algunos. Quizá deseo que mi abuelo plante un árbol de aguacates en mi baño, quizá así las cucarachas tengan en que entretenerse. Tampoco considero mi casa esta puta vecindad, tengo muchos vecinos y muchas cucarachas en el baño. Además hace un puto calor de mierda, es que será, pienso, por toda la gente que rodea mi cuarto. Es un cuarto alto, no tendría por qué haber tanto calor; hasta estoy sin ropa. 
Una vez mi abuelo me dijo que buscara una mujer de buena plática, porque al final es lo único que queda. Pues bien, qué tarea tan difícil es esa; una mujer de buena plática siempre es difícil de encontrar, y más en estos tiempos en que les dimos más libertad, por una sola razón: coger con más, más seguido. Un taxista me dijo, Sólo hay dos tipos de mujeres en el mundo, unas que les gusta que se las cojan, y otras que les encanta. Total, las mujeres nunca dicen lo que tú quieras, siempre dicen lo que ellas quieren y, a menudo, lo que ellas quieren no coincide con lo que yo quiero, y al haber ese choque, la plática no se desarrolla bien. Entonces conseguir una mujer de buena plática es muy complicado. Además casi todas las mujeres que quieren algo conmigo, es por esos puñeteros “poemas” que escribo. No sé si así lo decía Sabines, pero seguro que así lo quería decir: ¿Qué hago con esas pendejas que quieren poesía, mientras yo quiero coger?
Últimamente he creído que lo que vivo es un sueño. El otro día en plena clase de historia de la filosofía, estuve a punto de levantarme y decirle al profesor que se callara la boca, solamente para comprobar si estaba soñando o no, porque si estaba soñando tendría que haber sido un sueño lúcido y si es así, todos tienen que hacer lo que les diga. Así que si ustedes alguna vez aparecen en uno de mis sueños lúcidos, ya valieron. Bueno, en la clase de Historia, pensé que realmente lo había hecho, pero cuando pasó el flash, me vi sentado muy tranquilo y el profesor diciendo muchas pendejadas acerca de Berkeley, así que pensé que no era un sueño lúcido, porque, al menos yo, nunca he alucinado en uno. Ya el sueño lúcido es una alucinación, y si conscientemente te vas a dormir en tu sueño lúcido, para tener un sueño lúcido, creo que morirás conscientemente, sentirás a la muerte centímetro por centímetro, metiéndote la guaraña por el culo.
Volviendo al tema de mi abuelo; hacía tortas de huevo muy buenas. Tengo un chingo de hambre y no puedo pensar en mucho más que en comida. Mi abuelo era panadero y hacía el mejor pan, hacía las mejores tortillas de harina y el mejor arroz blanco cocido. Mi abuelo era el mejor de todos. Cuando era niño, mi abuelo me inculcó la religión; cuando él murió, murió mi fe. No podía creer en un dios bueno, si lo único bueno que tenía me lo había arrebatado. Es decir, tenía a mis papás y demás, pero me sentí terriblemente solo cuando murió mi abuelo. Es en ese punto donde conocí el dolor. Mi abuelo, alcohólico, mujeriego, jugador… siempre traía una pistola encima… eso en su juventud. Yo lo conocí ya anciano, y era el mejor abuelo del mundo. Una vez me dijo que mi abuelita lo atrapó porque le lanzó una piedra con una honda, y ya desmayado se lo llevó a su casa arrastrando. Siempre contaba cosas de ese tipo. Hacía alarde de las mujeres que había tenido, y se casó con una mujer años mayor que él, pero su mamá los separó y luego vino la pedrada de mi abuelita. 
A pesar del hambre que tengo, no sé qué compraría si tuviera dinero. Es que también tengo muchas ganas de un alcohol y unos cigarros. Si tuviera treinta pesos, compraría un charanda y unos cigarros, o diez tacos, no sabría bien qué elegir. Quizá hace unos minutos hubiera elegido los tacos sin pensarlo, pero ahora he leído, y prefiero la charanda. De todos modos tengo reservas como para no comer en un año, soy una puta ballena azul, dejaré que una grasa se trague con otra. Lo bueno de tener hambre, son las alucinaciones gratuitas. Son alucinaciones encantadoras, o delirios, mejor dicho. Y un delirio se multiplica a sí mismo, así que con cada delirio, aparecen miles más y todo hasta que casi quiere reventar la puta cabeza. Solamente tengo un garrafón de agua, del cual bebo directamente constantemente. No tengo vasos. Lo único que me caga es tener que salir a mear, es que estoy desnudo y cada que salgo me tengo que poner algo de ropa, lo que es muy incómodo. 
Ha empezado a llover, y es encantador escuchar el golpeteo del agua, junto con la música que escucho. Escucho a Frank Trumbaer, Coleman Hawnkins, Don Byas, Bessie Smith, Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker, etcétera. No todos son buenos, pero dejo correr el disco completo. De todos somos son nombres que seguramente no conocen, porque son ignorantes e idiotas, pero no los culpo. Es como dice el grupo La Barranca “El amor es tan solo la mitad de todo lo que viste, lo demás está esperando tan solo descubrirse”. Es como diría Kurt Cobain “Las estrellas están ahí, sólo es cosa de voltear a verlas”. Total, yo tengo el amor (aunque no estoy seguro de tener a la chica) y tengo lo demás. No sé, ya van varias veces que me jalo el pelo y creo que se debe a eso demás. Me preocupan demasiadas cosas y a la vez nada me preocupa. No aspiro a ser alguien, sólo quiero seguir aquí, aunque a veces –decía Curtis- el presente es lo más difícil de encontrar. “Hay demasiada belleza en el mundo como para rendirse”, pero no lo sé, tal vez “te lo digo en la otra vida, cuando ambos seamos gatos”. Quizá sí, pienso demasiado.

jueves, 2 de mayo de 2013

Ejercicios poéticos.




I
Un ego
cubierto de deliberada hipocresía
insomnio 
asco. 
Expuesto ante el grial
he sido juzgado y encarcelado
en este cuerpo
que no es mío.
Cargo una muerte ya no tan pequeña
pesa más de 50 kilos
y temo no poder dar maromas
para escapar de la inercia. 
También he sido juzgado y condenado 
por Satán, 
exceso de virtudes, 
y he sido juzgado y condenado por Dios, 
exceso de vicios,
y a todo y por todo, soy un tipo excesivo. 
Tengo el talento para multiplicarme pragmáticamente
pero no para desaparecer
y eso es lo que quiero
aunque tampoco tan trágico
sólo unos días. 
O mínimo desvanecerme 
en el mar de alguna mirada;
saber que el pasado y el futuro
no existen, son ilusión, 
y, sin embargo, 
hacer malabares con la ilusión.
Saber que me estoy fumando al todo poderoso
y que con el mismo cigarro puedo incendiar esta iglesia frente a mí. 

(Escribo en el parque.)

Las farolas, puntos suspensivos, 
y un señor que llama a mi perro 
"vente Satanás", pero mi perro se llama Caligari. 
Un niño dice a su mamá "pero me compras un jugo".
Desde las bocinas de un chevy 
Lausa Pausini se revienta el alma a través de la voz
y me la quiere reventar a mí. 
Saber que estoy perdido, que he leído cyberpunk, 
que hay un árbol retorcido a mi lado
como si fuera mi espíritu, con mis pequeños dolores,
mis diminutas agonías y mis ensayos de estertor. 
Fumando.
El piso agrietado, roto, 
como mi mano izquierda.
Un teléfono desgraciadamente público
y no púbico;
el sutil triangulo de muertes, 
(esto está lleno de cadáveres)
dos reguetoneros 
de perfume barato que, 
ya lo ven, ensucian mis letras. 
Se me está partiendo la garganta, 
movimiento,
biopsia a mi esqueleto de luz, 
a 200 kph mi mirada,
mi pantalón viejo
y mi abrigo apestoso
de vomito y sudor. 
Estoy tratando de nivelar,
no me quiero desconectar
no me quiero desconectar.
Me vuelvo difuminado
como la niebla,
hace frío,
es mal día. 
Me siento vagabundo,
extranjero en mi tierra,
fui expulsado de aquí 
con una mueca del destino
y ahora que regreso ha cambiado tanto
que ya no es lo mismo. 
Ya no tengo amigos;
extraño a quien humillar,
alguien que valore
toda la hiel de mis palabras. 
Encuentro todo irreal, un sueño,
masturbación de fantasmas, 
y las chicas de mis sueños
hasta en mis sueños me rechazan.
Soy demasiado joven para ser humilde,
soy demasiado viejo para cambiar.
Hay momentos en que quisiera
borrarme de tu percepción
y otros que quisiera gritar 
¡aquí estoy!
Yo a pesar de mi depresión insignificantes,
con suerte, indiferente para el resto del universo.
Sin embargo no me siento tan pequeño al lado de los grandes,
nunca me he sentido pequeño,
ahora no sé cuál sé la peor estupidez del hombre
¿o no saber quién es, 
o ser listo y saberlo? 
Algo me atrofia las venas 
y creo que es un pez
o un caballito de mar,
o una gaviota drogada de chiquitolina 
que confundió mi boca
con un círculo del infierno.
Así pues, con las venas hinchadas, 
el corazón en las últimas, 
los pulmones llorando humo, 
mis neuras dibujando ajedrez con la muerte, 
Así pues mi sombra, tan independiente, 
atrapa mariposas, 
camina en sentido contrario
a la intuición del destino,
o se sienta de espalda a la caverna
y en la pared ve la realidad
cuando todo es sombra afuera. 

II

No quiero desinhibir más la sentencia atroz.
quiero llorar cuando te vayas y quiero llorar por ti
porque hace mucho que no lloro
y hace mucho que no canto "no te apartes de mí". 
No quiero permanecer estoico, 
fulgurar peatones, 
cofradías de cucarachas 
y años enredados en mi pelo
como una bomba de la memoria. 
Aparte, instante sumiso, 
no quiero llorar por Maricarme 
(mi novia del kinder.)
O seré yo que vengo en mi auxilio, 
villano y superhéroe, 
espasmo y madrugada, 
cántico de esporas poiefísicas. 
Sé, conozco, 
percibo, 
determino, analizo,
reflexiono,
encamino.
algo me quema desde dentro;
fósforos para prender la noche. 
Enloquezco en un miligramo.
Mi locura tiene sombrero, 
habanos y ron, 
mi locura tiene corazón.
Aún seguiré diciendo que la locura es el inicio
y el final
de todo conocimiento
verdaderamente importante. 
Así me siento, loco,
milimétrica partícula de Aleph, 
ojos claros, café claro, 
y sé que mi lenguaje se quema, 
que mis palabras arden,
que el silencio es introspección caótica
y que mis lunares también son voz
también son fuerza. 
Cualquier representación.
Tótem; ataque epiléptico de la cultura.
Mucho peor el cristianismo. 
y el chamanismo pa' que se crean importantes
un montón de estúpidos niños yonkis;
se desprende mi ser de luz
y atraviesa el coño del Universo
y acaba en el caño del verso. 
Así es esto, raíz cuadrada de todo, 
síntesis de un amor desesperado
por un perro callejero llamado dios. 
Traficantes de sueños y pastillas, 
dilers suicidas, 
reencuentros con la nada, 
espadas laser y gafas Bryan Adams
con serpentinas de dinamita. 
Luceros abotigados, 
chingaderas digitales, 
kamikazes oníricos que van frontales
hasta Monterrey. 
Versículo vaginal
urticaria metasensorial
sonrisa marginal
comic fantasmagorilineal
Desprendo el ovni de mi piel
y puedo volar,
dejo a ET con mi hamster 
que no tengo
pero que pienso comprar. 
y un cheque en blanco para curar mis dolores, 
mi desesperación, mi angustia, 
mi mala ortografía
y mi falta de pedagogía
para el miarte de la poesía. 

III

a) La soledad parece la única verdad de esta vida,
el único e inequívoco suspiro en mi pecho. 
El concreto que nadie rompe;
la soledad también está contenida en el Todo.

b) La verdad mentirosa o verdad imperfecta 
es la danza de las palabras, el rito de las palabras, 
el aquelarre. 
El fuego. 
La palabra que se medita a sí misma. 
INCLUSO LA LETRA, 
el signo que es signo para su propio cielo. 

c) La muerte, la ilusión, el telón abajo. 
Ilusión de que acabó la obra, la pintura, la melodía musical 
mientras que internamente seguirá viviendo dentro de nosotros 
o dentro de alguien más. 
Ilusión estética, sin tiempo. 

d) La ilusión danza con las palabras 
y las palabras se hacen soledad.

ODA AL FLAGELAS




Esta noche está pariendo notas de música;
rockdrigo suena como desde un universo paralelo, lento, abismal, 
y tú te abres la piel, amigo, 
con vidrios de ceniza y alcohol.
Te tiene que doler 
para poder gritar "¡me duele!"
y sentir el vértigo del dolor
como un gusano que va dejando
sus bombas-larvas por tus venas
y tu corazón que bombea lágrimas
dentro de un trago de mezcal. 
Borracho, romántico, empedernido, 
no tienes otra religión que el amor...
fumas como deshojando margaritas
inhalas-exhalas "me quiere"
inhalas-exhalas "no me quiere".
Tus brazos son el mapa
que marca el recorrido de tus vivencias;
pareciera, a veces, 
que te quieres arrancar ese ridículo traje de hombre
con navajas oxidadas. 
Te quedas tirado al lado del río,
con la sangre todavía caliente 
resbalando por tu ropa...
Te quedas semimuerto, sin mañana, 
con el alma acuchillada, 
susurrando el nombre de tu amada,
ese nombre que ya es en ti
como una granada de mano.

lunes, 29 de abril de 2013

Conocimiento por eliminación.




Tal vez todo el conocimiento que tenemos de la vida nos llega por eliminación. Es decir, no sabemos qué son con exactitud las cosas importantes de la vida, pero sabemos lo que no son. El amor, por ejemplo... Nunca nadie lo ha logrado definir, para un escritor sólo es un ejercicio literario. No sabemos qué es el amor, pero sabemos lo que no es. 
Una de las frases que más me gusta es: "sólo podemos vivir con la información que tenemos". Creo que la escuché en una idiota película jolibudense, pero se me quedó grabada. Es más fácil tomar el camino de la eliminación, porque si nos ponemos a pensar, somos más eficaces para destruir que para crear... Y eso no está mal, la destrucción o deconstrucción es otra forma que sustenta la estética, es un arte que se abriga en la violencia. Estamos hartos de poner la otra mejilla, y cuando nos golpean, golpeamos... Al escritor lo mueve casi siempre el amor, aunque sus poemas sean de odio como lo son la mayoría de los míos. Sólo la violencia puede ser respuesta. La violencia es lo que mantiene viva a la poesía y a la filosofía; a la violencia que la sociedad y el Estado crean, el artista responde con la violencia que su alma y sus vísceras crean.
Una cosa que casi no hace el artista es salvarse a sí mismo. Y sobre eso quiero hablar. De esto trata todo esto. Pienso que son demasiados mis rencores, mis odios y mis esperanzas aún. Lo siento pero los dejo atrás... Dejo atrás a todas las mujeres que me quisieron y que quise, y dejo atrás a los falsos amigos. Aparte de los kilos físicos son muchos los kilos espirituales que arrastro y ya no puedo más. De ahora en adelante viajo ligero...
He de confesar que lo que para los católicos es Dios, es decir, creador del cielo y de la tierra, para mí es la poesía, sólo que aparte de ser creadora del cielo y la tierra, también crea el infierno en el que yo de vez en vez me bronceo. La poesía es para mí más importante que cualquier persona sobre el planeta, es mi fuerza superior, lo que me sostiene en momentos de debilidad...
Así que ha llegado el momento de tomarme la vida en serio. He de ejercer todo aquello que amablemente me han enseñado mis profesores, mis amigos y familiares. Aprender (aprehender) a ejercer mi voluntad de poder, como Nietzsche sugería; aprender que ese día que ha de llegar no ha de llegar, es éste, como dice Sabines; y finalmente me tiraré a fondo, como dicta el Padrino. Y sin ser más específico sólo diré que no sé lo que quiero para mi vida, pero sí sé lo que no quiero. Y es momento de dejar atrás muchas cosas.

miércoles, 24 de abril de 2013

¿Cómo podrías resguardarte de mi ojo indiscreto?




(Poema para una vecina.)

¿En qué oscura galería sin palabras tendrías que encerrarte
para no sentir, encerrada en la saliva de mi alma,
que desbordo tu imagen desnuda en la conciencia de mi pupila?
¿Cómo podrías evitar, con qué invisibles barreras,
que bese tu sangre con mi sangre,
y que el cielo se cuartee con alas de recuerdo de cada centímetro
de tus senos?
¿Cómo podrías evitar que te dé latigazos con mi mirada,
que intuya tus labios en una balada de pasión y carmín, 
tiernamente delineada, como el suspiro de un ángel agónico?
¿Cómo escaparías de mi voyeur instinto,
y cómo podrías dejar de tocarte, cuando sabes que te miro,
cuando sabes que me toco, cuando abres a propósito esa cortina,
cuando nos aburrimos en esta vecindad
y dejamos que los fluidos se precipiten al frío cemento?

viernes, 12 de abril de 2013

Una carta que no me atreví a enviar.



Dicen los que saben (o los que dicen saber) que todo pasado es remordimiento y tal vez, en algún aspecto tengan razón, pero ¿cómo remorderse de aquello de lo que uno no se arrepiente? Aunque puede que sí, puede que haya podido hacer las cosas mejor, aunque finalmente igual hubiera acabado decepcionándote por el sencillo hecho de que yo soy yo, y tú eres tú. Timbiriche y las políticas humanistas nos vendieron la idea de que tú y yo somos uno mismo, pero es contranatura atentar contra el egoísmo humano. Cada quien tiene su mundo y puede que me haya enriquecido del tuyo, que ahora diga que mis directores de cine favoritos son los que tú me recomendaste, los favoritos tuyos, puede que ahora llame música culta a la música que tú me enseñaste y puede que hasta de filosofía me hayas enseñado algunas cosas de Derrida y Gadamer, aunque filosofía no sea tu carrera; yo no sé si te enseñé algo a ti, o si te demostré lo mucho que te quería. Pero quiero pensar que en algún momento, aunque sea breve, sí, te demostré lo que te quería, lo que te quiero y lo que posiblemente te querré siempre. 
Contigo mis horas se convierten en segundos y no sé si eso sea bueno, a veces es bueno que una hora dure una hora. Pero eso sí, fueron buenos segundos, platicando de mil cosas, quedándonos en silencio, oxigenando las palabras para que después siguieran fluyendo en una vorágine de deliciosos significados. Contigo platicar se convierte en un rito, sé que entiendes mi humor y sé que entiendo el tuyo, tu humor, tierno y humanista, sincero y optimista hasta cierto punto. Tú eres luz, eres la esfera de luz de la que hablaba Empédocles, me parece, aquella que le daba equilibrio al cosmos. Por eso le agregué luz a tu nombre, por eso me enamoré de ti. Es como una metáfora fotográfica o fílmica si lo prefieres, como el expresionismo alemán, en donde se podría decir que la sombra está enamorada de la luz. Y así, yo, oscuro, borracho y patético, enfermo hasta el cansancio, me enamoré de ti. Y entonces, estilo Jack Nicholson, quise ser una mejor persona por ti, pero, como dice House, la gente no cambia y aunque pude jugar el rol una temporada, nunca he dejado de ser yo, una constitución innata (la inclinación por la poesía) y una constitución cultural (la inclinación por los poetas que son hijos de puta.) Por supuesto que mi vida sería más fácil si me gustara Neruda, pero la verdad lo detesto y detesto ese tipo de poesía, es una mierda. 
He escrito mucho para decirte algo sencillo, que no pretendo que cambie nada. Tú posiblemente tienes una pareja, y yo tengo una relación que comienza, así como mis infaltables grupis. No pretendo cambiar nada de eso, sólo que te sueño constantemente, a veces para bien, a veces para mal; sólo deseo que estés bien, porque aunque pase el tiempo en su carrera loca y desbordada, yo no dejo de pensar en ti. Y si por capricho el del gangnam style hace su guerra nuclear, quiero que sepas que yo moriría contento. Por muy maldito que aparente ser, creo firmemente en el amor y en que los seres de intelecto superior como el nuestro vienen a este mundo a amarse como un par de idiotas, como si el mañana no existiera. Amar es lo más importante que puede hacer un ser humano, y yo te amé a ti, y creo (fe vitalista) que tú a mí. Tu amor fue lo más importante en mi vida, y aún ahora que escribo esto, te amo, pero un amor desesperanzado, desapegado, en el sentido budista del término; al ser un amor sin apego, es un amor sin dolor, y así me gusta amarte. Eso no quiere decir que si algún día necesitas un ejercito no me alistaré, estoy dispuesto a luchar por ti siempre y en cualquier circunstancia, sólo que por ahora, creo, nuestra vida no va en la misma dirección. 

Tuyo siempre, 
G.